diplomático y exdirector del real madrid

Inocencio Arias, el diplomático que pudo trabajar con Allen, nos muestra su casa

El ex director del Real Madrid, Chencho para los amigos, es diplomático de carrera y ha sido embajador en la ONU y secretario de Estado de Cooperación, entre otros

Inocencio Arias, Chencho para los amigos, es diplomático de carrera y ha sido embajador en la ONU, secretario de Estado de Cooperación, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores con UCD, PSOE y PP, presidente del Comité Mundial contra el Terrorismo, participó en la mayoría de las cumbres internacionales y además es profesor en las Universidades  Complutense y Carlos III, conferenciante, escritor…

Posee un currículo largo y ancho que prefiere no enumerar al detalle “porque resulta muy aburrido y para los más jóvenes lo único que les demuestra  es que soy muy mayor. Quizá les suena mi nombre de cuando fui director general del Real Madrid. De lo otro, le aseguro que  ni flores” comenta con ese sentido del humor que conocen todos los que le han tratado mientras nos recibe en su casa. Ha trabajado con cuatro presidentes de gobierno y el único que no le dio cancha fue Rodríguez Zapatero, tal y como cuenta en su libro Me acosté con Suárez y me levante con Zapatero.

Inocencio Arias en su hogar (FOTO: Fco. Javier Martínez Tomás)
Inocencio Arias en su hogar (FOTO: Fco. Javier Martínez Tomás)

A Inocencio no le importa decir su edad: “Nací en Albox, Almería, el 20 de abril de 1940. Creo que me conservo muy bien aunque no sigo mucho las recomendaciones de lo que hay que hacer con mis años; lo de caminar un par de horas, hacer comidas sin sal… Jugué mucho al tenis y al fútbol cuando era joven pero ahora ya nada”. Se quedó huérfano a los 9 años,  estudió en Alicante y la carrera de Derecho en Murcia. “Después ya me vine a Madrid. Aprobé las oposiciones y hasta hoy, que sigo aquí”.

Su última actividad lúdica es una colaboración en la película Chicas Paranoicas, dirigida por  Pedro del Santo, que se encuentra en pleno proceso de rodaje. Se trata de una comedia disparatada y ambientada en el mundo de la moda en la que Chencho Arias tiene un papel semi protagonista: “Soy el director de la agencia de modelos. Un poco manipulador pero con buen fondo”. No es la primera vez que se pone delante de una cámara con algún papelito más o menos vistoso. Esta afición le costó que algún compañero envidioso le criticara: “En cualquier escalafón, cuando asciendes o tienes notoriedad, despiertas recelos. Les parecía una frivolidad. Decían ‘las cosas de Chencho’ pero yo con mi tiempo libre hago lo que quiero”.

Inocencio Arias (FOTO: Fco. Javier Martínez Tomás)
Inocencio Arias (FOTO: Fco. Javier Martínez Tomás)

El ‘casi actor’ de Woody Allen

De hecho, cuando el Rey Felipe VI era príncipe tuvo la misión de que ser intermediario para que Woody Allen le diese un papel: “Era un almuerzo en la embajada y como a mí me daba vergüenza, Don Felipe me dijo que, si se terciaba, se lo comentaría él. No hizo falta porque no vino a la embajada. Con Ridley Scott  tampoco pude porque se opusieron los sindicatos”.

El del audiovisual es un mundo que le divierte y además es un ilustrado del cine. Dicen de él que habría sido un excelente crítico porque posee mesura y conocimiento. También es un entendido en música y por supuesto en fútbol.  Tiene su casa repartida en temas. En un cuarto, están las estanterías con libros de cine y teatro.  En otro, volúmenes relacionados con su trabajo diplomático. En el estudio del segundo piso, la música en forma de cds y vinilos.  Esta vez suenan Frank Sinatra y su My Way, que el diplomático tararea mientras muestra algunas de las fotografías más llamativas que posee.

Muchas de ellas están firmadas por sus autores como la del mítico gol de Zarra, o una imagen suya leyendo el periódico que le hizo el Rey Don Juan Carlos: “No me di cuenta y, de pronto, levanto la vista y ahí estaba su majestad retratándome. En esta otra aparezco lleno de cámaras porque me las dieron los fotógrafos mientras se acreditaban. Fueron años complicados, intensos  y divertidos”, cuenta nostálgico. Ahora, su día a día a día es más tranquilo y sobre todo menos viajero. Como curiosidad, cuenta que  sigue “sin saber hacer maletas. Me las hace mi mujer. Lo mío es deshacer”.

El recuerdo de Aznar y Don Juan Carlos

Inocencio Arias (FOTO: Fco. Javier Martínez Tomás)
Inocencio Arias (FOTO: Fco. Javier Martínez Tomás)

También nos enseña una colección preciosa de platos chinos: “Los compré en Portugal en una subasta que tuvo lugar cuando  se produjo la Revolución de los Claveles”. También posee otra de cajas rusas y más fotos. Unas familiares y otras que ilustran su carrera profesional. Con Felipe González, con Suárez, con Aznar y ninguna con Zapatero: “Considero que yo, en vez de ser una persona al servicio del Estado, seguía las pautas marcadas por el anterior presidente de Gobierno.  Y hay quien olvida que Aznar (igual que Felipe y él mismo) fue elegido por los españoles. Hay  algunos sociatas que no lo quieren ver”.

Recuerda la polémica con la famosa imagen de Bush y  Aznar con los pies encima de la mesa en el rancho del mandatario norteamericano: “Esas críticas fueron una tontería y se hicieron porque Aznar está demonizado. Si el anfitrión te invita a su casa y se hace la foto así, tú no vas a ser tan cursi de no hacerlo por miedo al qué dirán”. Tiene miles de anécdotas con jefes de Estado, príncipes, reyes y  muchas con Don Juan Carlos: “En una ocasión casi perdemos el avión oficial porque nos perdimos en las cataratas del Niágara y su majestad dijo que nos esperaran. Cuando subimos fue el primero en aplaudirnos”.

Otra de las características de Chencho Arias son sus pajaritas. Posee más de dos mil. “Es una tradición. De pequeño vi una película donde uno de los actores, creo que Humphrey Bogart, la llevaba y cuando fui adulto empecé a utilizarlas. Ahora mis fans no me dejan quitármela”, cuenta mientras muestra las esculturas y los cuadros de Manuel Valdés. “Era mi vecino en Nueva York , la ciudad donde viví muchos años y a la que sigo viajando como mínimo dos veces al año. Nos hicimos amigos. Tengo debilidad por su obra y no compro más cosas porque no tengo dinero”, asegura.

El ex diplomático está contento con su vida y el resumen que hace de la misma es muy positivo: “No me puedo quejar”.  

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