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DEJÓ DE PINTAR TRAS FALLECER SU SEGUNDO MARIDO

Un bodegón pintado por la duquesa de Alba se subasta por 450 euros

Prefería pintar que ser pintada. Una de sus obras ha salido a subasta en la casa Durán. Es un bodegón al óleo de pequeñas dimensiones que ha pasado desapercibido

Foto: La duquesa de Alba y su amiga Carmen Tello, en una imagen de archivo (Gtres)
La duquesa de Alba y su amiga Carmen Tello, en una imagen de archivo (Gtres)

El legado artístico de la duquesa de Alba está formado por piezas de incalculable valor, firmadas por algunos de los nombres más representativos de la pintura a nivel mundial. Pero también por obras de realización propia. El amor que Cayetana Fitz-James Stuart, que falleció el pasado 20 de noviembre en Sevilla, era tan fuerte que no solo se conformaba con decorar las estancias de sus palacios con lienzos de los más grandes, sino también con creaciones a las que ella misma daba forma en sus ratos libres. Una de ellas ha salido la semana pasada a subasta en la casa Durán, que no ha conseguido una cifra muy boyante por su venta a pesar del peso que su apellido tiene en nuestro país.

Bodegón pintado por la duquesa de Alba (Casa Durán)
Bodegón pintado por la duquesa de Alba (Casa Durán)

Se trata de un bodegón pintado al óleo de pequeñas dimensiones (46x38cm), que se lanzó con un precio de salida de 400 euros y que finalmente fue adjudicado a un comprador anónimo que desembolsó 450 euros por la obra. Esto podría ser debido a que la pieza ha pasado desapercibida entre los coleccionistas. La subasta se llevó a cabo el pasado 18 de diciembre en sala, como así se recoge en la página web de la casa Durán. En el ángulo superior derecho viene rubricada su firma, Cayetana, que certifica que es creación de una de las aristócratas más importantes de nuestro país, al recaer sobre sus hombros una de las casas nobiliarias más grandes de España.

La desaparecida Cayetana siempre ha confesado que prefiere pintar que posar para otros: “Es muy aburrido, horroroso. Cuando me pintó Zuloaga sobre un caballo yo me movía más que él". Abandonó la pintura tras el fallecimiento de su segundo marido, Jesús Aguirre, cuando se le paralizó la mano derecha. Tenía estilo propio y no dudaba en dejarlo siempre claro: “Cuando yo pintaba no imitaba a ningún maestro; yo pintaba lo que me salía, era un poco impresionista y un poco naif”, confesaba en conversación con el Heraldo.es.

La pintura, junto a la tauromaquia y la Semana Santa sevillana, era una de las grandes pasiones de la duquesa de Alba. A pesar de que no exista un inventario definitivo que recoja con exactitud todas las obras pictóricas que obraban en su poder, lo cierto es que siempre se ha valorado como incalculable. Tan solo en el palacio de Liria cuelgan 350 pinturas, entre las que se encuentran las realizadas a los sucesivos duques de Alba y las que son obra de Goya, Antonio Moro o Ignacio Zuloaga.

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