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Vecinos y negocios se quejan de los periodistas

Pujol, el ‘expresident’ que ha llevado el caos a un barrio ‘molt honorable’

La declaración de Jordi Pujol el verano pasado asestó un dolorosísimo golpe al nacionalismo que lideró desde el franquismo y a toda una generación de catalanes

Foto: Jordi Pujol y Marta Ferrusola a su llegada a los Juzgados de Barcelona (Gtres)
Jordi Pujol y Marta Ferrusola a su llegada a los Juzgados de Barcelona (Gtres)

Molestos. Por falta de costumbre. Por lo invasivo de la protesta. Porque en la zona alta de Barcelona aquestes coses no pasen. Y sin embargo, desde que el ex Molt Honorable hizo su confesión –una fortuna fuera del país, inexplicable mediante aritméticas honradas–, lo impensable también sacude la vida cotidiana de este barrio selecto de la capital catalana. Jordi Pujol reveló que había ocultado durante más de 30 años una cantidad todavía indeterminada de millones de euros al fisco y una generación entera de catalanes sufrió un shock aún no del todo digerido. Pocos días después, un grupo de ciudadanos indignados, muchos de ellos pujolistas convencidos hasta ese momento, se dirigieron a su casa para gritarle y mostrarle con pancartas y silbatos su repulsa. Desde entonces, no hubo paz para los malvados. Tampoco para los trece vecinos de la finca.

“Ha sido insoportable. A finales de agosto esto era un circo cada día. Y cuando pensábamos que todo había pasado ya, la comparecencia de anteayer ha vuelto a traer aquí a los periodistas. No, a los vecinos no nos gusta tanto jaleo”. Uno de los residentes de la finca habla para Vanitatis. No quiere extenderse, la proverbial discreción catalana, pero manifiesta su disgusto sin ambages. Que Pujol o Marta Ferrusola sean citados por el juez afecta a su vida diaria. Ocurrió este mismo martes. El matrimonio estaba citado en la Ciutat de la Justícia y allí les esperaban pancartas y silbidos. En la Ronda del General Mitre volvía a haber periodistas instalados en la acera. Durante el apogeo de las protestas contra Pujol también se hizo costumbre tocar fuerte el claxon al pasar junto al edificio. Hoy no se oyen claxons pero a nadie le agrada tener prensa cada día en la puerta de casa. “Hubo manifestantes hasta bien entrado septiembre”, nos precisan desde la academia adyacente a la casa del expresident. “Fue menguando con el tiempo, pero volvió a subir la tensión cuando Pujol fue a declarar al Parlament el 26 de septiembre. Aunque hace tiempo que no se ven manifestantes, estos días han vuelto muchos periodistas. Entiendo que para algunos vecinos sea incómodo”.

Jordi Pujol y Marta Ferrusola a su llegada a los Juzgados de Barcelona (Gtres)
Jordi Pujol y Marta Ferrusola a su llegada a los Juzgados de Barcelona (Gtres)

Una vecina que no tiene problema alguno en darnos su nombre completo es Carla Ángela Follis, que en los 70 y 80 fue famosísima vedette con el nombre Dolly Van Doll. “Las protestas se acabaron cuando la clínica de enfrente se quejó a la policía municipal. Pero a mí personalmente no me molestan los periodistas; bajo a comprar, me encuentro toda la parafernalia y me parece hasta divertido. En cuanto a los Pujol, me puede parecer fatal lo que han hecho, pero ellos no me caen mal. Ni me molesta que sigan viviendo aquí. Y no soy pujolista; fíjate que Pujol fue el único político catalán que nunca vino a verme a Belle Époque [hoy es la sala Luz de Gas]. Es más: no me dieron subvención porque el espectáculo no era en catalán. Alguien me dijo que si contrataba a Nuria Feliu… Me dolió mucho. Así que de pujolista ¡nada!”.

Hasta cinco prestigiosos establecimientos de salud privados pueden contarse en 50 metros desde el portal donde viven Jordi Pujol y Marta Ferrusola: Neurogrup SLP, Clínica Mitre, Institut de Malalties Digestives, Clínica Sagrada Familia y el Instituto del Pelo Vilarovira. Llamamos a todas ellas y el discurso es común: se está mucho más tranquilo ahora, pero ninguna admite haberse quejado. Una de ellas, quizá la que hizo las llamadas a la autoridad, acude al habitual subterfugio. No les está permitido dar esa información.

“Seguimos viviendo aquí porque acondicionar la Casa dels Canonges (tradicional residencia reservada a los presidentes de la Generalitat] costaba un dinero que mi padre creía que no debía gastarse”, decía el primogénito del expresident al diario El País en aquel lejano 1983. Casi cualquier cosa que leamos hoy relacionada con la principal familia catalana durante 30 años, suena a tomadura de pelo.

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