María Pineda en su última entrevista para ‘Vanitatis’: “Si me deja la vida, me visto de blanco”
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falleció este sábado a los 54 años

María Pineda en su última entrevista para ‘Vanitatis’: “Si me deja la vida, me visto de blanco”

La modelo María Pineda, fallecida este sábado, había tenido un año difícil. Llevaba cinco años luchando contra un cáncer de pulmón y contaba los avances que había hecho en su lucha vital

Foto: María Pineda en su última entrevista para ‘Vanitatis’: “Si me deja la vida, me visto de blanco”
María Pineda en su última entrevista para ‘Vanitatis’: “Si me deja la vida, me visto de blanco”

Lamodelo María Pineda, fallecida este sábado,había tenidoun añodifícil. Llevaba cinco años luchando contra un cáncer de pulmón, del tipobronquioloalveolar, uno de los más difíciles de curar, y solo subregadiaria era el mejorpaliativoparano rendirse.Losúltimosmeses fueron duros por culpa de una neumonía“que casi me manda al otro lado", como ella misma contaba a Vanitatis en su última entrevista, que se publica un día después de fallecer. Sutesón la hizo invencible y ella hablaba de su enfermedad con total naturalidad: “El bicho está controlado, adormecido”, nos decía el día que decidió subastar sus vestidos en un conocido restaurante de Marbella para sacar fondos, hace apenas un mes. "Me deshago de ellos porque ya no los voy a usar y el dinerito me viene bien".

Ese día, colocaba meticulosamente los trajes en el armario del lugar de venta con nostalgia. Sonreía. Cada uno le traía un recuerdo. "Me encuentro ya mucho mejor que hace unos meses”.Este año, apenas se la había visto en eventos. Soloacudióal concierto de su amigo Alejandro SanzenMarbella. “Es quehe estado muy malita y no tenía ganas de moverme de casa. Mira, niña, cómo tengo los brazos. Laneumoníaha sidodura”, confesaba a la par que enseñaba sus extremidades sin perder la dulzura de su sonrisa.

“Mira, me tienen destrozada con la quimio...me cosen apinchazostambiénen la espalda”.Yaunasínos contabaencantadora,en laretahílade preguntas, cosas sobre unapróximaboda:“Quéganas de casarmetenéis.... pero esta vez va la vencida. Antes de Navidad, si la vida me deja, me caso con Emilio”. Y mientras tanto, ahí seguíapeleándose“con el bicho” sin dejarse vencer.Ha sufrido cambios bruscos de peso, perdió el pelo, y tenía los huesos y las articulaciones destrozadas por la quimio.“Y eso que estoy encantada con mis doctores ‘milagro’, que hacen maravillas conmigo”.

Tras un tiempo de tratamiento en Madrid en el que no se sentía satisfecha con los resultados, enMálagaencontró,dentro del hospital Carlos Haya,su mejor remedio. "Mi oncólogo, Manuel Cobos, y mi traumatólogo, Cecilio Casermeiro,me dan a diario la vida. El tratamiento que sigo me está yendo genial, pero es verdad que los efectos secundarios sontremendos y haydíasque me pregunto sipodré estar toda la vida aguantando tanto sufrimiento.Yo le pido quedarme como estoy y que me hagaDiosun milagro. Yo creo en los milagros”, decía esperanzada.

Boda con Emilio

Siempre estaba convencida de que el ser humano es puragenética:“Mis padres y los siete hermanos de mi madre fallecieron a causa de esta enfermedad”. La modelo contaba cómo se dio cuenta de que algo no funcionaba bien en su organismo:“Desde2007 a 2009 viví dos años en lo que yo me sentía muy cansada. No sabía quéera. Entonces, tres días antes de marcharme a la India, donde colaboraba con la Fundación Vicente Ferrer, me puse muy mala, cancelé el viaje y tuve que ser ingresada en el Hospital Universitario de Madrid. Al principio pensaron que podría ser neumonía o tuberculosis. Al mes y medio, los resultados de la biopsia decían algo mucho más grave: sufría cáncer de pulmón".

Y desde ese momento hasta ahoravivió todoun largoun peregrinaje buscando los mejores remedios por el mundo. Estuvo en EE UU y Alemania, donde gracias a la hipertermia mejoró mucho su calidad de vida: “Es el futuro del cáncer. Es un tratamiento que consiste en darle caloral tumor para debilitarlo. Es verdad que es muy costoso, pero en Alemania e Italia está sufragado por la Seguridad Social. Aquí no yojalállegue cuanto antes”, decía. “Mi cáncer es propio de las mujeres de raza asiática y no fumadoras, pero me ha tocado a mí. Lo peor es que no se puede operar, es como una telaraña”.

Junto a la ciencia, lo que realmente leha ayudaba a batallarera supareja, Emilio González, con quien vivía en Málaga. “Mi Emilio esasísiempre...en la salud y en laenfermedad...no se ha separado demí enningún momento . Sin él, la verdad es que nohabríapodidollevar esto sola...Yo no tengopadres. Él está ahí siempre; si estoy de mal humor o en losdíasque estoy en cama. Me lo aguanta todo”.

Lailusióndel empresario de Motril era ser el esposo de “la mujer que ama”. Llevaban nueve años juntos.Paso a paso, iban ideando cómo sería sudía: “Hemos elegido una fecha que no haga ni frío ni calor. También me gustaría que fuera en Málaga. Y nos gustaría que fuera por la iglesia, porque soy muy creyente, pero Emilio ya estuvo casado y el tema de la anulación es complicado conseguirlo.Así queserá un enlace civil”, contaba.

Cada vez que puedeMaríase acercaba al santuario deJesúsel Cautivo le pedía “un poquito más”. Nunca pensaba en las tristezas ni“cuándome pueden ocurrir.Pero lo que me da mucha pena es que, cuando por fin parece que todo pone la vida en su sitio,queencuentrasal hombre perfectoque está a tu lado...todo se puede ir al garete. La vida es mi regalodiario”. Y con esa frase despidió la que sería, sin ella saberlo, su última entrevista para Vanitatis.

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