TITA CERVERA Y SU HIJO BORJA COTIZAN EN ANDORRA

Los Thyssen juegan al escondite con Montoro

Borja pide clemencia a los paparazzi y la baronesa da orden de decir que no se encuentra en casa. Entre Barcelona, Madrid y Andorra, el paradero de los Thyssen es una adivinanza constante

Foto: Carmen Cervera, la baronesa Thyssen, en una imagen de archivo (Gtres)
Carmen Cervera, la baronesa Thyssen, en una imagen de archivo (Gtres)

“No, la señora no se encuentra. Está fuera de España. No la esperamos hasta la semana próxima”. A pesar de que a varios compañeros de prensa les constaba que Tita Cervera sí estaba en su mansión de Sant Feliú de Guíxols (Girona), la secretaria de la residencia Thyssen insistía en que su patrona no se hallaba en casa. No nos pronunciamos, pero sí nos tomamos la verdad oficial con cierta distancia a tenor de ciertos indicios.

El jueves pasado, día de Sant Jordi y cumpleaños de Tita, los ramos de flores llegaban por docenas a la finca Mas Mañanas. De amigos próximos, no solo de entidades y empresas admiradoras de nuestra mayor mecenas. De personas que conocen el devenir de la vida de la baronesa. También había actividad en la casa y ventanas abiertas como cuando Carmen Cervera se encuentra en ella. Incluso en una terraza se divisaba un caballito de madera y dos bicicletas medianas. Dos mellizas, dos bicis. ¿Juega Tita al despiste? ¿Tiene algo que ver su declarada pasión por vivir en Andorra?

Aunque el cumpleaños de la baronesa era el pasado jueves 23, la familia se reunió para celebrarlo la noche anterior. Cenaron en una marisquería del puerto de Barcelona y consiguieron despistar a la prensa. De hecho, la noche del jueves 23 había un cumpleaños en el aire al que los Thyssen Cuesta estaban invitados, pero era de la empresaria Susana Gil, propietaria de Piccolo Mondo, amiga íntima de la pareja y decoradora de la habitación de su primogénito. Llegaron tarde con tal de despistar los fotógrafos, tal como explicamos en Vanitatis: no salieron de su casa, un bloque de la calle Doctor Roux en el acaudalado barrio de Tres Torres, hasta que consideraron que no había cámaras al acecho.

Fotos en Andorra, sí; en Barcelona, no

No es la primera vez que los Thyssen recurren a estos trucos. El 30 de enero pasado cumplía 7 años Sacha, el nieto mayor de la baronesa, y sus papás escogieron la noche del 29 para cenar con la abuela Tita en un japonés. Borja y Blanca se habían reestablecido en Barcelona y desde ahí hicieron varios viajes a la urbanización Can Diumenge de Andorra. No ha dejado de vérseles por la ciudad desde entonces a pesar de que quisieran pasar desapercibidos. Incluso en ese mes de enero, en que estuvieron en la Ciudad Condal alrededor de tres semanas, fue su servicio de escolta quien recogió en varias ocasiones a los niños en el Colegio Americano de Esplugues. Todo por evitar la foto.

La última imagen de Tita Cervera junto a su hijo Borja y su nuera Blanca el pasado mes de febrero (Gtres)
La última imagen de Tita Cervera junto a su hijo Borja y su nuera Blanca el pasado mes de febrero (Gtres)

Justo lo contrario a cuando se dejan ver paseando abiertamente en Andorra la Vella. El propio Borja ha llegado a dirigirse directamente a los paparazzi, como contó LOC, que comenzaron a frecuentar Doctor Roux a mediados de marzo. Fue entonces, no esta semana pasada, cuando se produjo el episodio en que un atribulado Borja pedía clemencia a los fotógrafos para pedirles que no les fotografiaran por miedo a una inspección. Su nuevo y apasionado andorranismo no debía quedar en entredicho.

Nuevos vecinos del Principado

El pasado domingo 26 de enero, la baronesa Thyssen viajó junto a su hijo Borja y su nuera, Blanca Cuesta, a Andorra. Durante una semana, Tita Cervera se hospedó junto a su familia en el lujoso Hotel Hermitage, uno de los establecimientos más caros del país pirenaico. El motivo de este viaje ‘secreto’ no era otro que comprar dos casas, cuyo valor ronda los 10 millones de euros, que se han convertido en su residencia fiscal.

Unas semanas antes, la baronesa, como adelantó Vanitatis, cerró definitivamente la venta de su mansión suiza Villa Favorita, una de las propiedades más importantes que heredó del barón, no solo por su valor económico (la operación se cerró en unos 65 millones de euros), sino también por el sentimental, pues fue la casa donde compartió los mejores momentos con su difunto esposo. Tras esa venta, tomó la decisión de trasladar su residencia fiscal a Andorra.

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