Jesús Hermida, el periodista que dejó de contar historias para "cuidar a sus pajaritos"
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FALLECE A LOS 77 AÑOS DE EDAD

Jesús Hermida, el periodista que dejó de contar historias para "cuidar a sus pajaritos"

Este lunes hemos conocido la trágica noticia de la muerte de Jesús Hermida. Un periodista de raza que logró realizar la última entrevista en profundidad al Rey Don Juan Carlos antes de su abdicación

“Soy un contador de historias, y mi suerte en la vida es ser ese mensajero y narrador. Esta es mi hoja de vida y no hay más. ¿Las críticas? Van con la profesión. Cuantos más años cumplomenosme interesa el qué dirán y más importancia doy a los afectos”, me decía Jesús Hermida cuando le llamé para que me explicara en qué consistía la entrevista que ya había grabado con el Rey Juan Carlos y por laque recibió criticas injustas antes incluso de que se emitiera el programa. Al margen de los discursos navideños, era hasta ahorael único encuentro distendido que mantenía el jefe del Estado con una televisión.

Y se la dio a Hermida, que fallecía este lunes a los 77 años de edad a causa de un infarto cerebral. No porque pensara que era el mejor entrevistador (que lo era),o por su influencia mediática (que la tenía),o porque fuera la televisión pública. Se la dio simplemente porque era Hermida. Y para el Rey, igual que para muchísimos españoles, solo eso bastaba, porque él formaba parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Con sentido del humor comentaba: “Cuando tienes imitadores es que algo has hecho bien para que la gente se divierta con tus dobles”.

El Rey se reía con Hermida y con sus chanzas, con sus historias neoyorquinas, con su sabiduría musical y, sobre todo, porque sabía que era el único al que se le había ocurrido que había que celebrar su75 cumpleaños. Así fue y así se hizo. Después llegaron las críticas. Los listos habituales que consideraban que ellos lo habrían hecho mejor. No se entretuvo mucho con las explicaciones. Muy claro explicó que no era una entrevista de actualidad, sino la de dos personas de la misma generación que se encontraban para charlar precisamente de esos tiempos que compartieron. “Para declaraciones de Estado ya está el discurso del 24 de diciembre”. Y añadió que “de todas formas, hace tiempo que no estoy en la primera línea informativa y no tengo interés en estarlo. Mañana volveré a cuidar a mis pajaritos”, y así rematóla conversación.

Jesús Hermida era un hombre excesivo en sus gestos, en sus cariños, en sus afectos y en sus enseñanzas. Era capaz de pegar un grito si algo no estaba como debía,y al día siguiente dar saltos de alegría y organizar una fiesta ante una noticia “bien rematada”. Fue maestro y jefe, aunque lo que más le gustaba era ser reportero. En las hemerotecas están sus crónicas escritas en el diario Pueblo o sus columnas desbaratadas en la revista Tiempo, que debían editar porque las dictaba por teléfono. “Me armo un lío porque quiero contar demasiadas cosas”, decía en esas conversaciones con la secretaria de redacción, que muchas veces tenía que interpretar sus frases rápidamente y no sabía dónde poner ni el punto y aparte. Después, cuando aterrizaba en Madrid llegaba con las manos llenas de regalitos absurdos como imanes para la nevera, pines con la cara del presidente de turno, insignias con la bandera americana… Y los redactores de base se quedaban encantados.

Hermida fue quien contó la llegada del hombre a la Luna, pero también el maestro de periodistas a los que enseñó con su ejemplo que “hay que mantener por encima de los gestores de las empresas nuestros códigos deontológicos, que es la única manera de que el periodismo sea libre”. A su manera, él lo transmitió a varias generaciones, que seguirán echando de menos a ese hombre que presumía de haber nacido en Huelva en una familia de pescadores.

Este martes se instala la capilla ardiente en el Tanatorio de La Paz, en Tres Cantos (Madrid). Sus puertas se abrirán al mediodía.

Nieves Herrero Jesús Hermida
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