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80 años de 'la guerra de los mundos'

Orson Welles en España: su ‘sobrina’ Carmina y sus ‘amores’ rondeños

Ocho décadas después de la retransmisión de 'La guerra de los mundos' recordamos la especial relación que el creador de 'Ciudadano Kane' tuvo con Ronda y con Carmen Ordóñez

Foto: Orson Welles en una imagen de archivo. (EFE)
Orson Welles en una imagen de archivo. (EFE)

El 8 de mayo de 1987, tres guardias civiles custodiaban un coche fúnebre en la carretera que va de Ronda a Campillos, una localidad menos conocida de Málaga. Una joven Beatrice Welles llevaba en sus manos una arqueta en uno de los coches, se dirigían a la finca Recreo de San Cayetano, lugar donde tendrían lugar las exequias de Orson Welles, el genio, el autor y protagonista de 'Ciudadano Kane', de cuyo nacimiento se cumple un siglo justo esta semana. Entre los asistentes al sepelio, que llevaría al director de 'Sed de mal' a descansar eternamente en la finca del torero pese a que había muerto dos años antes, se encontraba la hija de este, una joven Carmina Ordóñez que parecía compungida ante la despedida a su ‘tito Orson’.

El pozo donde descansaría eternamente el maestro del séptimo arte, siempre recordado por sus excesos, había sido regalado por el Ayuntamiento de Ronda al 'maestro de maestros', es decir, a Antonio Ordóñez. Sin embargo, también podría servir como epitafio para el creador de 'La dama de Shanghai'. Este martes se cumplen 80 años de la retransmisión de 'La guerra de los mundos' que el genio realizó en la radio y que atemorizó a todo un país. Una hazaña previa a un paso por España que, desde luego, marcó su vida y gran parte de su filmografía.

Carmina Ordóñez y Orson Welles. (Montaje de Vanitatis)
Carmina Ordóñez y Orson Welles. (Montaje de Vanitatis)

El apelativo de Carmina hacia Orson Welles no fue gratuito. Desde que estudiase, siendo una niña, en el Liceo Francés, su vida se convirtió en un cúmulo de privilegios entre los que también estaba el conocer de cerca al director, actor y guionista de cine que, al igual que Ernest Hemingway, era un habitual en su casa, mostrando como nadie su querencia por todo lo andaluz. Welles era un habitual de la plaza de toros de Ronda en los años 50, época en la que visitó nuestro país y rodó alguna que otra película como la shakesperiana 'Campanadas a medianoche'. Esa frecuencia con la que disfrutaba de la España franquista fue la que hizo que forjase una amistad especial con el torero y una cercanía con sus hijas, a las que llegaba a traer regalos de Estados Unidos.

Una amistad forjada de plaza en plaza

Carmen Ordóñez en 2003. (Cordon Press)
Carmen Ordóñez en 2003. (Cordon Press)

Uno de los elementos más sorprendentes de la amistad entre Antonio Ordóñez y Welles es que este último, consciente de una maestría que le hacía poner la cámara ante cualquier escenario, cogió su objetivo entre 1957 y 1961 para grabar muchas de las corridas en las que participaba su amigo el torero. Así, el mismo genio que creó grandes obras maestras del cine también fue el responsable de la grabación de algunas de las mejores faenas de Ordóñez mientras sus hijas, Carmen y Belén, se quedaban en casa al cuidado de la ‘tata’.

Sin embargo, las cenas a las que acudía Welles, en las que la comida estaba ‘regada’ con buen vino, la pequeña Carmina podía admirar, en primera persona, al genio y quedarse impresionada ante sus intentos de aprender español o su romántica visión de la cultura andaluza. Ambas cosas le dejarían una profunda huella. Tanto que mientras que Belén Ordóñez jamás se habría atrevido a colocarle el apelativo de ‘tío’, la joven Carmen, que por aquel entonces ya destacaba por su despampanante belleza, se lo llamaría a lo largo de toda su vida.

Muchos lamentaron, cuando murió Carmina en 2004, que la Divina no hubiese aprendido algo más del genio o de las muchas amistades de altura que tuvo su padre. El susodicho genio, por su parte, jamás olvidaría la simpatía de aquella niña morena y de ojos grandes que, con los años, pasaría a ser uno de los personajes más vilipendiados y admirados de la prensa rosa española.

Cuenta la leyenda que Carmina prefería la personalidad de Orson Welles a sus películas, pero pocos periodistas se atrevieron a preguntárselo. El William Randolph Hearst de la ficción, por su parte, quedaría unido para siempre a una Ronda que estos días le ha rendido el justificado homenaje a un hombre que, pese a las glorias de Hollywood, siempre prefirió la poesía andaluza del pueblo malagueño que le ofrecieron los Ordóñez.

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