Vargas Llosa, Patricia y García Márquez, un lío de faldas que terminó con un ojo a la virulé
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La agresión se produjo en 1976

Vargas Llosa, Patricia y García Márquez, un lío de faldas que terminó con un ojo a la virulé

La amistad entre los dos escritores se truncó para siempre el día en que Vargas Llosa golpeó a García Márquez por algo ocurrido con Patricia Llosa como vértice de un triángulo. Estas son las hipótesis

Foto: El escritor Mario Vargas Llosa junto a su mujer, Patricia (Gtres)
El escritor Mario Vargas Llosa junto a su mujer, Patricia (Gtres)

12 de febrero de 1976. En el teatro Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México está a punto de estrenarse en pase privado Odisea en los Andes, filme documental sobre los supervivientes de un conocido accidente aéreo, con guión de Mario Vargas Llosa. Al entrar el escritor peruano en el hall, es recibido por su íntimo amigo Gabriel García Márquez, que se dirige a él con los brazos abiertos y un cariñoso “Marianito”. Sin mediar palabra, el escritor peruano lanzó un soberbio puñetazo a la cara del indefenso colombiano, que cayó al suelo por el impacto. “¿Cómo te atreves, después de lo que le dijiste a Patricia?”, chilla Vargas Llosa. Un ojo a la virulé y una amistad de décadas destruida en un instante. ¿Por qué? ¿Qué ocurrió entre ellos y Patricia Llosa, la todavía esposa del nuevo amigo entrañable de Isabel Preysler?

Existen varias hipótesis para explicar la violenta reacción del Nobel peruano. García Márquez y Vargas Llosa coincidieron en la efervescente Barcelona de la gauche divine. El colombiano se instaló en 1967 y su amigo, poco tiempo después. Eran casi vecinos y allí fomentaron aún más su amistad. La versión que ofrece Jaime García Márquez y que Vanitatis ha podido conocer de primera mano es un tanto naíf. Pero allá va. En un viaje al extranjero de Mario, su esposa precisó de cierta cantidad de dinero, que Gabriel cubrió como amigos que eran. El enfado del primero vendría por revelar, con su altruista gesto, un rasgo sórdido: que dejó a su mujer desatendida o que estaba tardando demasiado en regresar al hogar, por los motivos que el lector imagina. En ambos sentidos, Vargas Llosa se habría ofendido por la intromisión de su amigo en el devenir de su matrimonio.

No nos acaba de convencer, así que veamos qué dijo la agencia Efe el día siguiente al altercado en Ciudad de México. “El móvil de la peleano podía ser para menos: las faldas. Un asunto que, al parecer, provocó García Márquez cuando, en Barcelona, intentó una aproximación a la mujer de Vargas Llosa”, según el diario chileno 24 horas. Eso haría variar la frase que se le oyó decir a Vargas Llosa tras golpear a su amigo. No sería “lo que le dijiste” sino “lo que le hiciste a Patricia”.

Una tercera en discordia

Sin embargo, si continuamos con la primera versión para la ira de Vargas Llosa, tenemos la tercera tesis: se trataría de un lío de faldas pero del propio escritor peruano, no de su esposa con su amigo. Aquí la historia se divide en dos: unos apuntan a que Mario Vargas Llosa se prendó de una azafata sueca de líneas marítimas cuando realizó un viaje a Perú, a mediados de 1974, acompañado de su esposa e hijos. Se habría citado con ella en Estocolmo para vivir a tope su propio síndrome.

La otra versión, recogida por el periodista Juan Gossain del diario colombiano El Heraldo, sostiene que la tercera en discordia era una modelo norteamericana y que el romance habría ocurrido en Helsinki. En cualquier caso, Patricia Llosa, conocedora de su amarga realidad, se habría refugiado en el matrimonio García Márquez y Mercedes Barcha como paño de lágrimas ante la espantá de su talentoso marido, y estos le habrían aconsejado, ante sus lloros, que considerase la separación. Algunos redondean con que tras la reconciliación entre Mario y Patricia, ella se habría cobrado venganza espetándole un hipotético y traicionero consuelo en brazos de García Márquez.

Lo único constatado en esta historia es que ambos pactaron no explicar jamás los motivos de su ruptura; que García Márquez se dejó ayudar tras el golpe por la escritora mexicanaElena Poniatowska, testigo de la agresión, que le puso un bistec en la cara para evitar la hinchazón y que horas después se presentó en casa del fotógrafo Rodrigo Moya para inmortalizar su aspecto. La famosa foto de un García Márquez sonriente con el ojo morado fue recogida en primera página por el diario mexicano La Jornada.

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