Patricia Olmedilla: "Me da pena Froilán. Yo iba al mismo internado que él"
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RECIBE A 'VANITATIS' EN LA SIERRA MADRILEÑA

Patricia Olmedilla: "Me da pena Froilán. Yo iba al mismo internado que él"

Se siente una joven privilegiada en lo económico, en lo personal y en lo profesional. Casada con Gonzalo de la Cierva, duque de Terranova, y madre de dos hijas, reconoce que no tuvo una infancia fácil y que aquella etapa “fue muy complicada”

Patricia Olmedilla forma parte de ese listado de vips de primera categoría que manejan los gabinetes de comunicación que organizan actos sociales en los que la imagen es lo principal. En el caso de la empresaria por su doble condición de duquesa de Terranova y porque siempre queda bien. A diferencia de otros elementos decorativos, no cobra por acudir a esos photocalls a veces absurdos donde lo mismo se comparte espacio con un habitante de Ambiciones que de Cantora o de la lista Falcioni.

Patricia es simpática y vive una dualidad que llama la atención. En las fiestas es la rubia despampanante que suele formar parte de las listas de elegantes, pero el resto del tiempo ejerce de empresaria con su propia agencia de comunicación y marketing Doblemente, que cuenta con clientes y firmas importantes. “De primeras, cuando llegamos a una reunión mis socias y yo hay cierto cachondeo. Las tres somos rubias de verdad. Es incomodo esa manera de juzgar a las mujeres trabajadoras por su apariencia física”, defiende la duquesa, que continúa diciendo que “a los diez minutos se dan cuenta de que bromas pocas y que si quieren perder el tiempo, que se busquen a otras”.

Participan en una plataforma online, Womenalia, con más un millón de socias. Organizan encuentros, seminarios y actividades para intercambio de ideas, información y planes empresariales. Además, forma parte de la Academia Madrileña de Gastronomía, echa una mano a su madre, que tiene una empresa de alquileres de sillas, y a su hermano Diego, artífice del método Thinking.

Optimista por naturaleza

“Soy una mujer feliz y procuro ver lo bueno de la vida. Si te levantas con mal pie, te aseguro que las cosas no salen bien. Y lo digo por propia experiencia”. No tuvo una infancia fácil. Su padre murió cuando era pequeña y su madre se volvió a casar, pero como en Tu a Boston y yo a California, la nueva pareja prefirió que la niña rubia e inquieta estuviera interna. “Como no era buena estudiante, un año me llevaron al mismo colegio en el que está ahora Froilán. Me diópena cuando me enteré, porque yo lo pase fatal”. Se independizó muy jovencita y se buscó la vida. Le hubiera gustado matricularse en la facultad de Psicología, pero prefirió otro camino y se licenció en Marketing y Publicidad.

“En mi adolescencia tuve un lío de familia que incluso me costó un castigo en el colegio de monjas al que iba. Resulta que la profesora pidió a los alumnos que pintaran a su familia y yo lo hice. Dibujéa mi madre, a mi padre, al segundo marido de mi madre, a sus hijos, a mí… Total que las monjas llamaron a casa para decir que tenía problemas y que me inventaba las cosas”, dice muerta de risa. “Pero aquel momento para mí fue muy complicado. Ahora tengo una relación estupenda con todos ellos”.

Es hija única y quizá por esa disgregación familiar ella ha hecho todo lo contrario. Casada con Gonzalo de la Cierva y madre de dos hijas, María y Sofía, su casa de la sierra de Madrid se convierte los fines de semana en una especie de comuna donde acuden amigos y familia que no tienen que avisar. “Esta casa la compró Gonzalo antes de conocernos y nos casamos aquí. Hasta hace poco vivíamos la mayor parte del año, pero con el colegio y las actividades extraescolares es un lío”, señala Patricia.

Una casa con personalidad

Una de las joyas de la casa es el comedor con una mesa y una sillas Luis XVI que formaban parte de la decoración del castillo de Viñuelas, propiedad del duque del Infantado, familia directa de su marido. “Aquí es donde hacemos todas las comidas familiares”. Otra joya es una colección de ángeles recuperados del incendio de una iglesia. “Restauré dos y me di cuenta de que eran más bonitos como estaban y así los dejé. De ahí la diferencia entre unos y otros”. Eso sí, es sincera y no presume de ser la artífice de la decoración de la casa: “Que va, tengo ese lado masculino y no se me da bien mezclar telas, colores y mobiliario. Mi suerte es mi amiga estupenda Andrea Zarraluqui, a la que debo que esta casa sea tan acogedora. Le dije: Andrea, hay que dar una vuelta a la casa y que no cueste un dineral. Y lo hizo”.

Hay más historias que Patricia narra como si fueran un cuento. Los dormitorios familiares tienen en la puerta un azulejo con el nombre de cada rey mago: Melchor, Gaspar y Baltasar. Lo curioso es que hay un cuarto azulejo en el que figura Altaid. “Cuenta la leyenda que existía un cuarto rey mago que era este. Leí la historia y me encantó, igual que la del naranjo que hay en el porche, que solo da una naranja cada temporada y cuando cae se queda al pie del árbol. No la puede tocar nadie. Al principio a mis hijas les daba cada grito: ni se os ocurra tocarla”.

La duquesa granjera

Pero quizá lo más llamativo sea su vertiente granjera. El matrimonio disfruta de un minizoo con más de doscientos animales domésticos, la mayoría exóticos: gallinas de razas especiales que tienen plumas de seda, ovejas Jacob con cuatro cuernos, cabras, cisnes, caballos enanos, ponis, una colección de burros que pasean por la finca cuando no quieren estar en el cercado... Patricia se sabe el nombre de cada animal ylo más llamativoes que los llama a golpe de silbido: “Mis hijas ya han aprendido también a silbar. Disfrutan una barbaridad. Son niñas de campo”.

Tanto les gusta los 'bichos' que entre Patricia y Gonzalo se regalan animales en las festividades importantes, por ejemplo una vaca escocesade las Highlands o cabras girgentanas... Bueno, también joyas y relojes.

Patricia Olmedilla
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