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ROMANCE DEL ACTOR Y EUGENIA MARTÍNEZ DE IRUJO

Carmen Tello: "Cayetana ha enviado desde el cielo a Coronado para que Eugenia sea feliz"

Apenas hace tres días que se conoce la relación entre Eugenia Martínez de Irujo y José Coronado, y el entorno de ambos, sobre todo el de la duquesa de Montoro, se muestra encantado con la noticia

Foto: Carmen Tello junto a la duquesa de Alba, en una imagen de archivo (Gtres)
Carmen Tello junto a la duquesa de Alba, en una imagen de archivo (Gtres)

Carmen Tello, la mujer de Curro Romero, fue en vida de la duquesa de Alba su gran amiga, su confidente y su apoyo incondicional hasta que llegó Alfonso Díez. Incluso ahora sigue pendiente del tercer marido de su amiga cuando viaja a Sevilla y le llama habitualmente para saber cómo está. Para la duquesa, Carmen era como esa hermana pequeña que nunca había tenido. “Así me consideraba. La verdad es que la sigo echando mucho de menos. Para mí fue fundamental, porque me apoyó cuando me divorcié y siempre estaba para los momentos malos, regulares y, por supuesto, los buenos. Nos hemos divertido mucho y hemos compartido también preocupaciones y alegrías. Hablábamos de nuestras cosas, de los hijos, de su futuro”, explica Carmen a Vanitatis.

José Coronado y Eugenia Martínez de Irujo (Fotomontaje: Vanitatis)
José Coronado y Eugenia Martínez de Irujo (Fotomontaje: Vanitatis)

Precisamente, una de las intranquilidades de la duquesa era Eugenia, a la que consideraba mucho más vulnerable en sus afectos que al resto de los hijos. “Siempre me comentaba que quería que Eugenia encontrara a un hombre hecho y derecho que la cuidara y la quisiera. Que no fuera un niñato. Le inquietaba su futuro porque decía que iba a estar muy sola. Estaría encantada con Coronado, porque a ella siempre le había tirado el mundo de los artistas, de los toreros. Yo creo que Cayetana desde el cielo le ha enviado a Coronado para que la haga feliz”.

“¿Y qué va a ser de mi hija?”

Francisco Rivera junto a la duquesa de Alba (Gtres)
Francisco Rivera junto a la duquesa de Alba (Gtres)

Cuando Eugenia se divorció de Francisco Rivera, su obsesión era que volvieran. Le daba igual que su hija le contara que no era posible la convivencia y que nunca habría una segunda oportunidad. Después, cuando el torero solicitó el cambio de custodia de Tana, la madre por fin tomó partido y nunca más quiso saber nada del “traidor”, que así bautizo a su exyerno. Le borró de su disco duro.

Las siguientes relaciones amorosas de Eugenia tampoco cuajaron. Ni Rosauro Varo ni Gonzalo Miró, que a Cayetana le parecía un buen chico hasta que se produjo el desencuentro de la misa del gallo en el palacio de Dueñas. A Gonzalo le dijeron que no pasaba nada si no cumplía con el rito religioso de Nochebuena y se quedó en el salón en vez de acudir a la capilla. El malentendido le costó dejar de ser el favorito. A partir de ahí ya no hubo más parejas estables en la vida de la duquesa de Montoro y eso era lo que preocupaba a Cayetana. “¿Y qué va a ser de mi hija?”, se preguntaba. Ahora Eugenia es la envidia de mujeres, hombres y viceversa. Como dicen quienes le han tratado: “José Coronado es ese tipo al que comprarías un coche de segunda mano”. 

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