Ruiz-Mateos, una vida de teatro
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cuando las apariencias lo son todo

Ruiz-Mateos, una vida de teatro

Varios de sus más estrechos colaboradores explican a 'Vanitatis' cómo era la puesta en escena que el empresario mantuvo toda su vida

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José María Ruiz-Mateos frente al Congreso en los años 80 (Gtres)

El mayor holding empresarial que ha conocido España nació del ingenio de un empresario gaditano para el que Dios, la familia y la honradez eran las divisas principales. Eso proclamaba, al menos. Formado en valores ya caducos, José María Ruiz-Mateos siempre excluyó a sus siete hijas de cualquier capacidad decisoria en sus negocios, algo que formalizó en 2004 con el traspaso del imperio Nueva Rumasa –formado por más de 200 sociedades– a sus seis hijos varones. Hoy, todos ellos están imputados y tienen retirado el pasaporte. Dos ya duermen en prisión desde hace más de un año. El embargo judicial afecta a 220 inmuebles, fincas y obras de arte. La saga Ruiz-Mateos, que reparte sus afinidades religiosas, con mayor o menor vinculación, entre el Opus Dei, los salesianos y los Legionarios de Cristo, ha visto desmoronarse su fachada como un castillo de naipes.

El ‘Neverland’ del imperio de la abeja

Rumasa y Nueva Rumasa se fraguaron en un despacho de Somosaguas, en la casa familiar del clan, embargada por BNP y pendiente de salir a subasta. El clan la abandonó definitivamente en abril de 2014. La mansión de C/Alondra, 2 se ubica en una finca de casi 10.000 m2 y tiene alrededor de 1.700 m2 construidos en tres plantas; consta de piscina, pista de tenis y una zona de césped con un minicampo de fútbol. La casa dispone de 13 dormitorios, uno por hijo, más el del matrimonio. Los hijos dormían arriba y la planta baja era considerada la noble, reservada para José María y Teresa Rivero. El servicio dormía en el sótano. “Al patriarca le gustaba desayunar en la gran mesa de la cocina, al principio toda la familia junta y luego, cuando se fueron casando y las chicas dejaron la casa, con los varones, que eran quienes trabajaban en Nueva Rumasa. En los últimos tiempos y a medida que se alejaron del padre, eso fue dejando de ocurrir”, asegura a Vanitatis un testigo de la vida diaria de los Ruiz-Mateos.

Una cuidada puesta en escena

“Siempre vivió de cara a la galería. Sin negar su enorme habilidad para los negocios, en realidad era tanto un actor como un empresario”. Así se expresan, coincidiendo casi en la literalidad de las palabras, distintos estrechos colaboradores del magnate gaditano en su época de esplendor empresarial. “Como abogado de afectados por la caída de Nueva Rumasa, me he obligado mucho a investigar al personaje y puedo decirte que se trataba de un teatro tan perfecto que la gente depositaba el dinero en sus manos muchas veces hasta sin firmar documentos. Una persona a quien tuve como cliente me dijo que le dio tres millones de euros, en su casa, sin firmar nada. Esa apariencia que mostraban era perfecta, convencía a gente confiada. Conseguía fascinar a la gente con su puesta en escena. Todos quienes compraron sus pagarés eran sus fans devotos”, explica a Vanitatis un letrado que representó los intereses de muchos inversores arruinados.

“Se intentó llegar a un acuerdo antes de presentar la primera querella para lo que tuve muchas charlas con él, así que pude ir dibujando al personaje. Puedo decirte que era mentiroso, liante, egoísta y muy preocupado por su imagen. José María era vago. Nunca leía un libro. Pedía resúmenes a sus secretarias. Sin embargo, a todos los autores que le enviaban un ejemplar les devolvía una nota ensalzando su obra. Aunque fuese un pestiño. Era su forma de ser”, nos explica uno de sus más próximos colaboradores. “A veces enviaba al chófer a seguir a un banquero por si lo pillaba con una querida y poder usar luego esa información”, relata la misma persona a Vanitatis.

Este medio ha podido contactar no solo con abogados y exasesores, sino también con varios empleados de los Ruiz-Mateos, testigos mudos de las andanzas del clan cuando se sentían plenipotenciarios. Entre ellos, una de sus más veteranas secretarias, alguien que pasó más de 30 años transcribiendo documentos. Se querelló contra su patrón (le dejaron a deber 300.000 euros), pero se trata de una mujer muy discreta que no quiere figurar más en los medios. “Yo les pasaba a máquina los trabajos de la universidad a sus hijos”, confiesa a Vanitatis. Nuestra confidente lo tenía por un caballero. Desde que en 2011 cayó Nueva Rumasa, no ha dejado de sorprenderse de tantas cosas como han ido saliendo. Algunas las intuía y de otras, no tenía la menor idea.

De cintura para abajo

La vida privada de José María Ruiz-Mateos también era una perfecta e impostada actuación. Esta semana hemos dado cuenta en Vanitatis de dos testimonios de mujeres que compartieron lecho con él. Una de ellas asegura haber parido una hija suya. Pero seguramente hay muchas más. Así se lo asegura a este medio la propia Marta González: “Conozco varios nombres, pero son chicas bien y no hablarán. También flirteó con varias empleadas”. No solo la examante del empresario conoce otros casos. Uno de los asesores de Ruiz-Mateos nos asegura que entre ellas había una marquesa: “Fue su amante y se puso luego del lado de los hijos. La conocía por ‘la loca’, ya que le mandaba cintas de cassette con relatos eróticos. Aquella señora llegó a hacerse alguna intervención, liftings y cosas así, a petición de Ruiz-Mateos”.

Hablamos también con un exempleado del patriarca, durante 22 años al servicio directo del empresario: “Mantuvo durante unos diez años una suite en el hotel Cuzco donde tenía establecido su cuartel general, paralelo a la casa de Somosaguas. Allí despachaba y allí acudían a pedirle favores desde empresarios a señoras de alta sociedad para que colocase a sus hijos. En los primeros años 90, en esa zona había mucha prostitución. Él alucinaba. Venía de estar vinculado al Opus toda la vida y no conocía la vida callejera. Le fascinaba que hubiese tanto mercadeo en la calle. Cuando se desmarcó del Opus, estaba como encendido. Solo se había acostado con su esposa y reveló el rijoso que lleva dentro. Siempre fue machista, no había mujer a la que no piropease. En resumen, su imagen de señor católico y formal, con una familia perfecta, era una gran mentira”.

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