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no quiere seguir viviendo en españa

Patricia Llosa cierra la casa familiar de Madrid y se va a Lima

La todavía mujer de Mario Vargas Llosa ha decidido cerrar su residencia de la capital española y mudarse a Perú, su país de origen

Foto: Patricia junto a Mario Vargas Llosa (Gtres)
Patricia junto a Mario Vargas Llosa (Gtres)

Patricia Llosa ha pasado página. Al menos en lo que se refiere a su domicilio madrileño en la calle de la Flora que ha sido hasta ahora el cuartel general en Madrid de la familia. La espectacular casa en el barrio de los Austria que Mario Vargas Llosa y su mujer adquirieron en el 2002 como residencia habitual ya no tiene razón de ser hasta que no haya divorcio y división de gananciales. Y por el momento Patricia sigue estando oficialmente casada hasta que no se presente por alguna de las dos partes una demanda de divorcio.

Según la información que maneja Vanitatis, por ahora no se ha presentado en ningún juzgado de Lima ninguna reclamación en este sentido. Según la legislación peruana, cuando un divorcio no es de mutuo acuerdo, debe ser la parte perjudicada la que presente la demanda. Pero por ahora Patricia no tiene ningún interés en hacerlo. Mario Vargas Llosa, al igual que su mujer, tiene la doble nacionalidad hispanoperuana, pero su matrimonio se inscribió hace cincuenta años en el Registro Civil de Perú y por lo tanto deberá regirse por esas leyes y no por las españolas.

El matrimonio en una imagen de archivo (Gtres)
El matrimonio en una imagen de archivo (Gtres)

Patricia no tiene ya intereses en Madrid. Ni sociales ni personales. La casa se mantiene abierta por si los tres hijos del matrimonio -Álvaro, Gonzalo y Morgana- quisieran pasar unos días en Madrid, pero no para el marido infiel. De hecho sus libros y los objetos menos personales siguen ahí, salvo la ropa de diario. Vargas Llosa no tiene llave como tampoco del resto de las casas de París, Nueva York o Punta Cana. Y no porque Patricia se lo impusiera sino porque el escritor estaba a lo suyo que era escribir. En esto la mujer legal y Preysler coinciden. Al Nobel no hay que descentrarlo. Ahora que ya vive en Puerta de Hierro, Isabel Preysler ha dispuesto el despacho que utilizaba Miguel Boyer, como ya ha contado Pilar Eyre, para que siga escribiendo

Patricia ya no quiere saber nada del día a día del escritor y por eso ha vuelto a Lima donde tiene familia y amigos y sobre todo a su madre a la que quiere cuidar. Desde ahí negociará con sus abogados y los de su todavía marido un divorcio a cara de perro. Dicen los que la conocen que ella quiere poco pero a lo que no está dispuesta es a que el escritor dilapide parte de la fortuna en la nueva familia que ha adoptado por amor.

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