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isabel preysler cuida la imagen de su novio

Mario Vargas Llosa y Ana Botella unidos 'por los pelos': comparten peluquería

Peque, dueña de la peluquería del mismo nombre en el barrio de Moncloa que tiene como clientas a Ana Botella, recibía una llamada de la viuda de Miguel Boyer para que cuidase el pelo del Premio Nobel

Foto: Ana Botella y Mario Vargas Llosa en una imagen de archivo (Gtres)
Ana Botella y Mario Vargas Llosa en una imagen de archivo (Gtres)

Un cambio estético incitado por el amor… Hace un año, Mario Vargas Llosa era un señor casado con Patricia Llosa, con la que llevaba mas de cinco décadas. Con ella tuvo tres hijos y varios nietos, pero lo más importante en su currículum era ser Premio Nobel. Sus relaciones emocionales, al margen de su matrimonio, formaban parte de su vida privada y no interesaban mediáticamente. En su día, aparte de su trayectoria como uno de los grandes de la Literatura latinoamericana, el interés se centró en su candidatura a la presidencia de Perú.

Y en España, por tener como asesor económico a Miguel Boyer. En aquel momento, los maledicentes dijeron que ni sus hijos le habían votado. Todo esto formaba parte de su biografía hasta que llegó a su vida la viuda Isabel Preysler. A partir de ese momento, y parece que con su consentimiento, Vargas Llosa se convirtió en comodín de la información más frívola. No solo permitió a Presyler que su noviazgo apareciera en exclusiva en ¡Hola!, el ‘album familiar’ de la saga según Tamara Falcó, sino que su presentación como pareja en la inauguración de la tienda Porcelanosa en Nueva York fue el gran golpe de efecto.

Vargas Llosa y Preysler en la apertura del Teatro Real (Gtres)
Vargas Llosa y Preysler en la apertura del Teatro Real (Gtres)

A partir de ahí, hubo un antes y un después. Y no soóo en la parte más pública sino en la personal. El premio Nobel abandonó la suite del hotel Eurobuilding, sacó sus efectos personales y sus libros de la casa madrileña de la calle Flora que compartía con su mujer Patricia y se instaló en el casoplón familiar de Puerta de Hierro junto a su novia. Un cambio radical en el aspecto afectivo, personal y en el físico. En este caso, se debe a las recomendaciones de Isabel Preysler, que controla como nadie los cambios estéticos de los que ella es consumidora habitual.

Hace unos días, Peque, dueña de la peluquería del mismo nombre en el barrio de Moncloa que tiene como clientas a Ana Botella, Esperanza Aguirre, gente del artisteo y empresarias del IBEX, recibió una de las llamadas mas impactantes. Era Isabel Preysler, una de las habituales que pedía hora no para ella sino para su novio, el premio Nobel .

La conversación interpretada giró más o menos en estos términos:

-Hola Peque soy Isabel. Quiero que le arregles el color a Mario. Te lo paso para que os saludéis

-Que ilusión, un premio Nobel en mi casa. No me lo puedo creer!!!-, replicço la peluquera.

A partir de ahí se cerró la cita y, efectivamente, el blanco nuclear del pelo de Mario Vargas Llosa, que lució en Nueva York, nada tenía que ver con el tono amarillento de cuando era un señor casado.

Ana Botella en una imagen de archivo (Gtres)
Ana Botella en una imagen de archivo (Gtres)

Una de las características de esta peluquería que regenta Peque es que solo se utilizan tintes naturales. Otra que, seas quien seas deben aguardar turno porque a la dueña le importa poco el pedigree de las clientas. En el caso de Mario, no hizo falta porque las obligaciones laborales no cuadraban con el horario de Peque y tener a un Premio Nobel en la peluquería era impactante. Vargas Llosa se ha sometido, según parece, a sesiones revitalizantes en los centros de estética a los que acude Preysler. Y en el cso de los reportajes de '¡Hola!'. al Photoshop.

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