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SE ENCUENTRA EN PLENA FORMA

Antonia Dell'Atte: "Dado Lecquio y Ana Obregón fueron muy crueles conmigo"

Está muy orgullosa de su hijo y asegura que tanto el suyo como el de Ana han tenido la suerte de contar con madres inteligentes y trabajadoras. Del padre, Lecquio, dice que su obsesión cuando estaban juntos era su pelo

Foto: Antonia Dell'Atte en una imagen de archivo (Gtres)
Antonia Dell'Atte en una imagen de archivo (Gtres)

Antonia Dell'Atte se encuentra en plena forma tras unos años difíciles. Le diagnosticaron hipertiroidismo, que le afectó a los ojos. “Estuve muy mal y me alejé porque no quería dar pena”, dice. Una vez tratada, ha vuelto a su esencia. Vive en Barcelona. Viaja a menudo a Italia para ver a su familia y realizar algún trabajo puntual con su amigo Giorgio Armani. Está muy orgullosa de su hijo y asegura que tanto el suyo como el de Ana Obregón han tenido la suerte de tener a madres como ellas, inteligentes y trabajadoras. Del padre común, Alessandro Lecquio, dice que su obsesión cuando estaban juntos era su pelo. “Ahora que lo ha perdido, ha perdido también su fuerza, como le sucedió a Sansón”.

Pregunta: ¿Ya está bien de salud? ¿Curada?

Respuesta: Estoy volviendo a la vida pública después de haber estado alejada seis años por una enfermedad que fue dura. Tengo hipertiroidismo y no estaba controlado. No quise dar pena a nadie. Fue un tiempo difícil y pasé miedo. Me afectó a los ojos y tenía que ir siempre con gafas oscuras, incluso por la noche. Ahora quiero ver el sol y vivir en un mundo tranquilo después de haber perdonado a mis enemigos. A todos los que me hicieron daño.

P: ¿Su exmarido Lecquio y Ana Obregón estaban entre esos enemigos a los que ha perdonado?

R: Ana y Dado (Lecquio) no tenían que haber sido mis enemigos y quisieron serlo. Fueron muy crueles conmigo. Llegó un momento en que no se puede vivir con ese dolor y coincidiendo con mi enfermedad les perdoné. Di el primer paso y así se lo dije a mi hijo Clemente, que no quería saber nada de su padre. Yo pensaba que si me moría y no había perdonado, iba a ser terrible también para Clemente.

P: Lo que no consiguieron unir los padres lo han conseguido los hijos...

R: Clemente y Álex se llevan muy bien y además de una manera muy discreta. Álex me cae fantásticamente. Le he invitado para que venga a verme a mi casa en la Puglia (Italia). Lo quiero ver en mi terreno y contarle desde la ironía muchas cosas que pasaron.

Ana Obregón y su exmarido Lecquio en una imagen de archivo (Gtres)
Ana Obregón y su exmarido Lecquio en una imagen de archivo (Gtres)

P: ¿En qué se parecen los hermanos?

R: En que son buenos tipos y tienen la cabeza muy bien amueblada. Clemente es muy responsable.

P: Y los dos tienen madres fuertes y potentes...

R: Sí, cada una en su estilo. Una vive de fantasía (Ana) y la otra (ella) tiene que currárselo. Ana tiene más capacidad que yo para comunicarse con la prensa. Ella es más personaje.

P: Diga algo bueno de Ana. ¿Son amigas?

R: Que ha sabido reconocer sus errores. No, no somos amigas. Digamos que tenemos una relación cordial, pero no de llamarnos por teléfono ni de ir juntas a los sitios.

P: ¿Es creyente y practicante?

R: Sí, voy a misa todos los días. A mí me ha ayudado solo el ser creyente. Si lo eres ves la luz y si no, vives en las tinieblas. Dios me ha respondido siempre. Cuando yo estaba mal con Dado dije: 'Dios, aléjalo de mí'… y entonces llegó Ana (Obregón). Tengo también muchos santos que me ayudan. Sobre todo Santa Lucía (patrona de la vista), de la que soy muy devota. El día que me dijeron que ya estaba bien fue el 13 de diciembre del 2009, que se festeja su día.

P: ¿Qué le parece la nueva imagen que presenta su hijo Clemente, mostrando músculo?

R: En esto se parece un poco a su padre. Funcionan los genes. A su edad Dado era muy parecido. Cuando estábamos casados su interés era la alimentación y el gimnasio. Ahora está bien, pero ha perdido el pelo. Siempre ha sido su gran dilema.

P: ¿Dice que la obsesión de Alessandro Lecquio era su pelo?

R: Sí, siempre fue su obsesión. Yo le decía que era como Sansón, que el día que perdiera el pelo perdería la fuerza. Y así ha sido. 

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