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supondrá una inversión de 350 millones

Descubrimos quién es el nuevo (y poderoso) Putin del Pacífico

Seis multimillonarios rusos trabajan en la creación de un nuevo Estado monárquico en tres de las paradisíacas islas que colindan con el paraíso fiscal de las Cook

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Anton Bakov, hombre de negocios ruso, fundador del partido monárquico y opositor de Putin, lucha desde hace años por restaurar el Imperio ruso en algún punto de la geografía mundial. Ahora, tras una década de negociaciones y cifras de inversión que superan los 400 millones de euros, el próximo zar Romanov (el autoproclamado Nicolás III) volverá a gobernar entre hoteles de lujo y playas paradisíacas en tierras del Pacífico, cuna de los paraísos fiscales. Quién no elegiría este exilio de ensueño...

Tres islas hasta ahora desiertas (Malden, Starbuck y Caroline) se convertirán, si todo sale según lo previsto, en el origen de esta sorprendente refundación imperialista cuando se cumplen 100 años de su desaparición tras la revolución bolchevique de 1917. Con el objetivo de convertirlo en las nuevas Maldivas, Bakov y los cinco millonarios que le respaldan pretenden construir un nuevo escenario donde puedan revivir a sus anchas y lejos de la alargada sombra de Putin el espíritu monárquico ruso.

Anton Bakov junto al autoproclamado zar Nicolás III (Foto: Blog Anton Bakov)
Anton Bakov junto al autoproclamado zar Nicolás III (Foto: Blog Anton Bakov)

Vecino del archipiélago polinesio de las islas Cook -declarado paraíso fiscal-, este nuevo territorio zarista, propiedad hasta ahora del Gobierno de la República de Kiribati, podría convertirse gracias a esta potente y multimillonaria inversión en el regreso a escena de una de las familias reales más antiguas de la historia: los Romanov.

De este modo, Nikolas Kiríllovich, uno de los descendientes de los zares que se disputa desde hace años la cabeza de la dinastía, fijaría allí su nueva residencia desde donde podría refundar la derrocada monarquía rusa rodeado de los lujos y barrocas atenciones propias de sus malogrados antepasados.

Aunque poco se asemejará a sus tierras primigenias, sus impulsores han intentado preservar la esencia de la monarquía constitucional heredera del imperio zarista de Pedro el Grande: han mantenido su ceremoniosa constitución, han creado una moneda propia y hasta expiden pasaportes de carácter 'oficial'.

Toda una puesta en escena llena de pompa y liturgias que a pesar de sus esfuerzos no consigue ocultar la sospechosa visión exterior de la inversión, que, más que con la ideología, parece tener que ver con beneficios fiscales, playas de ensueño y mucho mucho lujo. No se lleven a engaño: aquí no habrá ni palacios, ni carruajes de oro, aunque -no queremos decepcionar a nadie -las ceremonias protocolarias están aseguradas.

Sobre el papel, este equipo de fanáticos imperialistas ha diseñado lo que la propia esposa de Bakov, Marina Bakova, ha descrito como “la nueva Maldivas”. Un paraje de ensueño donde con la excusa del “renacimiento imperialista” sus impulsores levantarán un ostentoso complejo de superlujo que costará alrededor de 350 millones de dólares y que incluirá la construcción de un aeropuerto privado, un puerto deportivo y cuatro resorts de bungalows ecológicos inspirados en Bora Bora.

Todo un proyecto orientado a atraer turismo exclusivo ruso que el Gobierno de la región ha acogido con los brazos abiertos. Su principal valedor en la zona es el expresidente de Kiribati Teburoro Tito, que parece que por fin cumplirá este sueño de Bakov y sus amigos.

Y es que llegar hasta este punto de las negociaciones -aún abiertas con los responsables de inversiones extranjeras de este pequeño archipiélago polinesio- no ha resultado una tarea nada sencilla (ni barata) para ellos. Durante la última década, intentaron sentar las bases del nuevo Imperio ruso en Montenegro y más tarde en un islote de 168 hectáreas del archipiélago de las Cook, fronterizo con Kiribati y declarado paraíso fiscal, que ellos mismos adquirieron en 2011 por otros tantos millones de dólares.

A la espera de que les autoricen el proyecto, este nuevo Estado ya cuenta con sus propios símbolos: un escudo de armas con un águila de dos cabezas, una hoz y un martillo y una bandera blanca con una cruz azul en honor a San Andrés.

Un despliegue que sin duda caerá como un jarro de agua fría a la gran duquesa María Vladimirovna Romanov, autoproclamada emperatriz y autócrata de todas las Rusias, que no en pocas ocasiones ha manifestado su intención de regresar al país de sus ancestros para convertirse en la nueva zarina. La polémica está servida.

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