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Sofía González, la política podemita que lucha por una herencia de 12 millones

Amiga de Diego Cañamero y asesora en la Diputación Provincial de Sevilla. Un juez ha concedido a su madre el apellido Benítez y ahora pelean por un legado latifundista

Foto: La política de Podemos Sofía González (Vanitatis)
La política de Podemos Sofía González (Vanitatis)

Sofía González Reguera ‘heredó’ el nombre de su madre y en unos meses puede recibir parte de los 12 millones que el Tribunal Supremo decidió que le correspondían a esta, Sofía Reguera, tras reconocerla como la segunda hija del conocido ganadero sevillano José Benítez Cubero, fallecido recientemente.

Millonaria o no en unos meses, ella dice estar en la ‘lucha de los pobres’. Y su trayectoria da buena cuenta de ello. Con 41 años, es una guerrera curtida en el Sindicato Obrero del Campo (SOC). Allí conoció al ahora diputado Diego Cañamero, con el que comparte amistad, ocupaciones de grandes fincas de terratenientes y manifestaciones, entre otros motivos, por la libertad del sindicalista Andrés Boalo. Después fue concejal por Izquierda Unida Los Verdes en el ayuntamiento sevillano de El Coronil durante cuatro años.

La madre de Sofía González
La madre de Sofía González


Una sindicalista de origen jornalero

En 2004 presidió Habana Vieja, una asociación de solidaridad con Cuba. En 2009 fue designada por la Junta de Andalucía consejera de la Asamblea General de Cajasol dentro de la cuota de Izquierda Unida. Las pasadas elecciones generales ocupaba el número 4 en la lista de Podemos por Sevilla. Se quedó a las puertas de entrar en el Congreso, pero ocupó un puesto de confianza en la Diputación Provincial de Sevilla. También es quien maneja los números en el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT).

Sofía González, en un mitin de Podemos
Sofía González, en un mitin de Podemos


Fueron sus padres, Sofía Reguera y Miguel González, dos jornaleros jubilados quienes le inculcaron el valor de la lucha social. También le dieron un futuro a ella y sus dos hermanos, Pedro y Carlos, bregando con la tierra, los olivos y el algodón o, después, cuando abrieron Modas Sofía, una pequeña tienda de ropa humilde en la localidad sevillana de El Coronil. La tienda ya echó el cierre y en la casa entra la pensión de jubilados. Pedro es camionero y Carlos, obrero, aunque ha pasado largas temporadas en el paro. Sofía tiene un brillante currículum. Diplomada en Marketing y Trabajo Social, experta en cooperación al desarrollo y máster en economía social y desarrollo local. Es hija predilecta de Cuba por sus viajes humanitarios y ha pasado algún verano ayudando a los refugiados en Grecia.

El origen de la herencia

La historia de esta familia tiene otra cara forjada no en peonadas, sino en millonarias fincas. Esta otra historia comienza cuando su abuela Rosario Reguera entró a trabajar en el ‘servicio’ de la finca Las Pajanosas y se enamoró de José Benítez Cubero, el señorito, con quien tuvo una relación de cuatro años de la que nació Sofía, su madre. La sirvienta tuvo que poner tierra por medio y años después acabó casándose con Miguel. La paternidad del terrateniente se conocía en la casa y les rondó durante toda la infancia, pero no fue hasta que murió la abuela Rosario cuando Sofía y sus dos hermanos animaron a la madre a contratar al abogado experto en herencias Fernando Osuna para reclamar su herencia. Aquel terrateniente, que se casó con María Pallarés, falleció en 1970 por un tumor cerebral. Fue con su hijo José con quien tuvieron que lidiar.

La madre de Sofía contando su caso en televisión
La madre de Sofía contando su caso en televisión

No se lo puso fácil. Dificultó la prueba de ADN y complicó el proceso para alargarlo. El asunto llegó hasta el Supremo, que reconoció a Sofía como hija del ganadero y la convirtió en hermana del ganadero Benítez Cubero. Los dos hermanos de la política podemita ya se han cambiado el apellido, pero ella lo mira desde lejos. No quiere compartir esa herencia que implica el apellido Benítez: la de los propietarios que ‘explotaban’ a los jornaleros y el campo andaluz.

Los Benítez Cubero, ganaderos de noble linaje

Detengámonos en la historia del terrateniente. Cerca del pueblo sevillano de Marchena se encuentra el cortijo Ojuelos, una finca de 1.400 hectáreas adquirida por la familia al duque de Lerma en los años 40 y en las que en la actualidad pastan toros y caballos bravos. Es la ganadería Benítez Cubero. Sus toros son muy requeridos por los vips del toreo a caballo y han ocupado los carteles de lujo desde hace varias décadas en las principales plazas taurinas. Cuentan las crónicas taurinas que fue en 1935 cuando José Benítez Cubero adquirió la ganadería de los hermanos Luis y José Pallarés, originaria de la que en 1825 había creado el canónico Diego Hidalgo Barquero. El 10 de septiembre de 1939 se anunció por primera vez en la plaza de Las Ventas y figuras como el Litri, Julio Aparicio y Antonio Ordóñez se apuntaron a matar sus corridas.

Sofía González, la política podemita que lucha por una herencia de 12 millones

De hecho, Curro Romero fue quien se convirtió en su mejor ‘cliente’. Sus toros también participaron en 1960 en el debut en Madrid de Manuel Benítez el Cordobés. El empresario amplió su negocio a la venta de sus ejemplares a otros criadores como Diego Garrido, el conde de la Maza o el marqués de Jódar y Ruchena. En 1971, José Benítez Cubero Pallarés, hermano de su madre, tuvo que hacerse cargo del negocio a los 18 años por la muerte del padre y del abuelo. Fueron tiempos difíciles. Cuentan esas mismas crónicas que en las décadas de los 70 y 80 se perdió parte de su poderío y esplendor. En 2000 es cuando el actual propietario decidió cambiar de estrategia y pasar de las corridas de toros a la lidia ecuestre en las principales ferias de España y Francia. En la actualidad, Los Ojuelos sigue siendo un escaparate de una vacada de ancestral nobleza.

El ganadero alegó en el juicio que todo este imperio fue fruto del trabajo de su abuelo materno Francisco Pallarés y, por tanto, nada debía corresponderle a Sofía ni a sus tres hijos. Será otro juez en una vista fijada el próximo mes de mayo quien reparta la herencia. En el reparto se encuentra la finca Los Ojuelos, otros tres terrenos en la provincia de Sevilla, un piso en el barrio de Los Remedios más el capital correspondiente. Los planes de su madre pasan por ‘retirar’ a sus hijos y disfrutar de los nietos, quizás un viaje a Cuba para llevar productos de primera necesidad y quién sabe si una casita en el campo. Los planes de Sofía pasan por seguir en la lucha y ayudar con su herencia a los más pobres.

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