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NOS DICE ADIÓS EL DISEÑADOR MALAGUEÑO

Muere David Delfín, el sastrecillo valiente que llenó su alfiletero de sueños

El diseñador nos ha dicho adiós a los 46 años después de más de un año luchando contra tres tumores cerebrales

Foto: David Delfín en una imagen de archivo. (Gtres)
David Delfín en una imagen de archivo. (Gtres)

Si no hubiese sido modisto, David Delfín no sabría qué haber sido. Al igual que el Sastrecillo Valiente, el héroe de sus cuentos, la costura era lo que más amaba en el mundo. Cuando nadie apostaba un duro por un tipo de diseño transgresor como el suyo, él se lanzó al ruedo dando zancadas de gallardía sureña. Sus controvertidas colecciones despertaron admiración y polémica a partes iguales, algo a lo que él no le prestó demasiada atención. El diseñador ha fallecido este sábado a los 46 años de edad. La enfermedad, tristemente, ha podido con él.

En su alfiletero solo cabía lo que está dentro de él. Ni más ni menos. “Cuando trabajo en una colección, la música que la acompaña y la escenografía son vitales para mi”, solía poner como colofón en cualquier entrevista. “Cuando yo empecé a trabajar en el mundo de la moda fue una especie de revelación, descubrí que había encontrado mi lugar”. Ahora, David Delfín se ha ido. Siempre le gustaba desaparecer por estas fechas, escondiéndose en su taller para crear los últimos bocetos de su colección. Pero ahora se ha ido de verdad. Su arte se ha quedado prendido en un maniquí y él cansado de tanto dolor se ha dejado absorber por las entrañas de la tierra.

Él, sabio conocedor de la estrategia de que cuando no estás con el sistema, cuando no juegas al son de su partitura, es el sistema el que te engulle, supo manejar el precio de la creatividad. Él mismo reiteraba: “No me arrepiento de mis comienzos. Creo que tan importante es lo que te pasa en la vida como lo que tú haces con eso que te pasa. Mi colección de 2002, inspirada en el pintor Magritte, se malinterpretó e hizo que lo pasara mal, fueron momentos muy desconcertantes. Pero al final todo eso con trabajo, con el tiempo y con perseverancia, quedó atrás. A los seis meses nos dieron el premio a la mejor colección y pasamos de ser los malditos a ser la gran revelación".

Al Premio Nacional de Diseño de Moda 2016 le angustiaba la cercanía de la muerte, como a casi todos los nacidos bajo el signo de Escorpio. Cuando el modisto publicaba hace unos días en redes sociales una imagen con un jarrón repleto de tulipanes rosas anunciando la primavera, muchos interpretaron que estaba mucho mejor. Era la primera después de 16 semanas sin utilizar su cuenta. Solo era su epitafio inconcluso. Vanitatis sabía que David se moría.

Spring is coming🌷

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Cuando una madre como María nos lo contó con lágrimas en los ojos, no cabía ni un hueco para la duda: ”Ni come, ni habla y tiene paralizado la mitad del cuerpo. No puede ni dibujar. Mi hijo está muy mal”. Sus amigos no han cesado cada día de inyectarle sedantes en el alma. Unos más que otros, le atiborraron de un excesivo optimismo que él ya no supo creerse. David entendía la vida como un proceso que acaba en la nada. Y lo repetía como un mantra una y otra vez, desde que le detectaron los tres tumores en el cerebro: no hay que tener miedo a la muerte y que la vida es un fin en sí mismo. Sus amigos celebraran un brunch en el hotel Ritz hace unos días a manera de despedida. Allí estaban al lado de las fotos mensajes de ánimo Judit Mascó, Pelayo Díaz, Eduardo Casanova y su expareja Gorka Postigo o Laura Caballero.

Lenta agonía

Después de su operación en la primavera pasada, en la que Delfín tuvo que someterse a una intervención muy complicada para extirparle dos de los tres tumores en la cabeza, comenzó su lenta agonía. Solo un mes antes de morir el diseñador solo salía de casa para acudir al hospital. Su hermana enfermera le cuidaba en su casa y María, su madre, viajaba cada semana desde Marbella para estar con él. En una entrevista reciente que dio a Vanitatis significaba que su hijo estaba "muy mal". "Se le ha paralizado ya media parte de su cuerpo. Hay que darle de comer, porque la mano no le responde y estamos todos muy afectados. Él no quiere que le vea así, sufre”.

La última salida del modisto fue a otro funeral. Al de su alma gemela Bimba Bosé, quien murió el pasado 23 de enero a causa de un cáncer de mama. Delfín ya acudió al tanatorio en silla de ruedas, atormentado por la tristeza por la muerte de la modelo. Después, ya todo fueron conjeturas y no se volvió a captar ninguna imagen de él. Su piso frente al Palacio Real y la Fundación Jiménez Díaz, se convirtieron en su destino. Inmerso en ese mobiliario emocional estaba su novio, Pablo Sáez: el fotógrafo compostelano que fue el mejor prozac para el modisto. A través de las redes sociales David y Pablo, en unos meses tremendamente complicados para los dos, nos fueron haciendo adictos al baile de las palabras sincréticas que brillaban a diario como los cristales Swarovski en Instagram. David nunca se quiso quitar su dedal y contar historias a través de su costura fue su arte. Todos lo sabíamos: jamás quiso pertenecer a ningún club, solo a ese lobby secreto del que nadie ha oído hablar y donde los socios se conocen sin haber sido presentados. Pura transcendencia. Dep.

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