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creció en el limonar

Así fue la adolescencia de Pablo Alborán en su barrio malagueño (según sus amigos)

Algunos de sus mejores amigos recuerdan los cambios y la evolución de su carrera y de su vida desde que era un adolescente

Foto: Pablo Alborán en una imagen de archivo. (Gtres)
Pablo Alborán en una imagen de archivo. (Gtres)

De malagueño amante de la música a icono de una generación. Este miércoles, Pablo Alborán será la estrella del programa 'Mi casa es la tuya' y, según la promoción, esta será una de las entrevistas más sinceras del cantante. Muchos no olvidan aquella época, hace ya bastantes años, en la que no era más que un chico que soñaba con dedicarse a la música y que grababa maquetas que subía a YouTube. Las grabaciones dejaban ver un talento especial que ha acabado siendo explotado por EMI, su compañía discográfica, la que apostó por él y ha acabado teniendo entre sus manos un éxito que no da signos de agotamiento. Hace más de una década, Pablo tocaba para sus amigos en su domicilio del Limonar, un popular barrio de Málaga.

Alborán era uno más de tantos niños que sueñan con hacer de la música su forma de vida en la era post Operación Triunfo. Algunos de los amigos que lo vieron crecer como persona y como artista han compartido con Vanitatis algunos de aquellos primeros pinitos en Málaga: los que convierten a un chico normal en el objeto de deseo de miles de adolescentes con necesidad de construirse una identidad a través de unos ídolos que muchas veces parecen ser de barro.

Los que lo vieron tocar y cantar innumerables veces en el Nómadas Café tienen constancia de que Alborán es un ídolo para quedarse. Ellos saben bien quién era: el hijo del arquitecto Salvador Moreno de Alborán Peralta y de Elena Ferrándiz, una mujer de su casa. Paola era una de las chicas que más le seguía e incluso llegó a mantener alguna que otra conversación con él antes de que el 'fenómeno Alborán' hiciese de ella una fan más entre cientos: "Era encantador y se notaba desde el principio que lo suyo era la música. Si tenía que contestar al público del Nómadas, contestarte a ti algo cuando le preguntabas por alguna de sus canciones, no dudaba a la hora de hacerlo. Cada canción era como una especie de hijo para él", asegura una de esas incondicionales que nunca se perdió un concierto suyo.

Pablo Alborán en una imagen de archivo.(Gtres)
Pablo Alborán en una imagen de archivo.(Gtres)

Con diez años ya compuso 'Malva', un tema dedicado a una prenda que llevaba ese día su madre cuando salía de fiesta con su padre. Por aquel entonces combinaba sus estudios en el Liceo francés con clases de guitarra y de piano. Se podría decir que era un niño bien, un niño que tenía facilidades para explotar sus talentos, pero que, a pesar de lo que pueda parecer, no escatimaba esfuerzos a la hora de conseguir su sueño: dedicarse por entero y de por vida a la música. Por aquella época, y también en el Liceo francés, conoció a uno de sus mejores amigos, que prefiere no ser identificado para no sufrir el acoso de la prensa y de los fans.

Este amigo supo que un chico iba a tocar la guitarra y a cantar en una de las fiestas del colegio y se fue a verlo. “A pesar de que él tiene cuatro años menos que yo empezamos una amistad que perdura hasta el día de hoy y que espero que siga muchos años más”, afirma. Él y Pablo formaban parte de un grupo de gente más mayor que el segundo, que solo tenía 13 años y parecía preferir la sana diversión de personas ‘casi’ adultas que las locuras infantiles de los de su edad: “Era muy maduro para la edad que tenía y yo creo que por eso se juntaba con nosotros. Lo escuchábamos tocar la guitarra y cantar y siempre le animábamos a seguir adelante en el mundo de la música”.

Su amor por la música era una prioridad y no estaba dispuesto a rendirse. Llegó a decir que tenía cuatro maestros en casa, refiriéndose no solo a los padres que lo han criado entre libros y buen gusto musical, sino a sus dos hermanos, uno mayor que es publicista y pintor, y la otra, más pequeña, licenciada en filosofía. Ellos le enseñaron gran parte de lo que sabe. Pero también contaba con el apoyo incondicional de unos amigos a los que no les importaba pasar un sábado en su casa antes que en una discoteca. El amigo de Pablo recuerda la sorpresa que le causaba que ningún vecino protestase por el ruido que se formaba en aquel edificio que, a ciertas horas, parecía fantasma: “A las tantas de la noche ponía la música a toda voz y siempre acababa cantando. Nos extrañaba muchísimo que no se quejasen los vecinos”.

Pablo Alborán en una imagen de archivo.(Gtres)
Pablo Alborán en una imagen de archivo.(Gtres)

120 canciones a los 16 años

Para él hay un momento especial en su amistad con Pablo que pareció marcarlo; aquel día en el que sacó una libreta con sus composiciones. Eran nada menos que 120 a pesar de que Alborán había soplado solo 16 velas en su último cumpleaños. “Pasaba mucho tiempo solo y componiendo pero luego salíamos como todo el mundo de copas, al McDonalds, con chicas o al cine”, recuerda con algo de nostalgia ya que ahora solo ve al cantante “unas cuantas veces a lo largo del año”.

Pablo Alborán en un concierto de Alejandro Sanz. (Gtres)
Pablo Alborán en un concierto de Alejandro Sanz. (Gtres)

El fantasma del fenómeno premeditado, del cantante prefabricado para conquistar corazones de niñas de 15 a 20 años, siempre ha planeado sobre Pablo Alborán. Para los que le conocen es solo un gran espejismo. Paola es la primera en desterrar el tópico: “Yo soy más mayor que él y no me suelen gustar Bisbal, Bustamante ni ese tipo de cantantes. Pero es que hay una cosa que siempre he visto en él: autenticidad”. Esa es la misma autenticidad que lo lleva a los Grammy Latinos esta misma semana o que llena estadios y firmas de discos en las que no solo hay adolescentes. “También hay madres y abuelas en esas firmas de discos y van ellas solas, sin ninguna niña que las acompañe”, defiende este amigo.

Está claro que a la autenticidad tiene que acompañarla, en la mayoría de las ocasiones, la suerte. En unos tiempos en los que saber venderse vale tanto o más que el propio talento, esa suerte llegó para Pablo de la mano de gente como Diana Navarro o Manuel Illán que, según su amigo, han hecho “todo lo que estaba en sus manos para que a Pablo se le escuchase”. Queda por ver si tanto la suerte como el fenómeno de masas tienen fecha de caducidad. Él lo tiene clarísimo: “Puede que su voz llegue a pasar de moda porque nunca se sabe qué puede ocurrir en el mundo de la música, pero está claro que no pasará de moda su forma de componer. No hay ahora mismo nadie en España que tenga un estilo parecido a la hora de componer”.

Y no es solo la composición la que parece hacerle único a la vista de su amigo. Alborán es una de las pocas estrellas que siguen firmando autógrafos en los centros comerciales en lugar de huir como animales de presa de la insaciabilidad de sus fans. Y es que la sencillez es un lujo que pocos pueden permitirse en un mundo, el de la música, plagado de vanidosos.

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