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entrevista

Ze García: "Contratar a Dulceida y Laura Escanes no fue una campaña de marketing"

Hablamos con José García, diseñador del momento, fundador de la marca con la que han desfilado las influencers más potentes del país en la 080 Fashion Week

Foto: Ze García en su atelier. (D.R.)
Ze García en su atelier. (D.R.)

Ha sido el que más páginas ha copado a lo largo de esta semana de la moda en Barcelona. La 080 Fashion Week arrancaba el lunes por la tarde con un desfile que partía con 10 millones de seguidores. Casi nada. Ze García, la marca que fundó y dirige José García, contó con la presencia sobre la pasarela de las influencers más potentes del país. De Dulceida a Laura Escanes, todas desfilaron para este diseñador que soñaba desde pequeño con la vida que tiene ahora.

Vanitatis lo pilla en su momento más dulce. Este joven de 29 años ("soy un millennial", señala) tiene un atelier en la zona alta de Barcelona por donde pasa lo más granado de sociedad catalana. Así que sabe de lo que habla cuando analiza la moda actual y los gustos refinados de la alta sociedad. Las influencers han sido solo una excusa para mostrar su mundo, el de los vestidos que antes solo podían lucir las estrellas en la alfombra roja y que ahora se venden hasta para actos familiares.

Ze García en su taller de Barcelona. (D.R.)
Ze García en su taller de Barcelona. (D.R.)

Pregunta: ¿Esperabas el éxito de tu desfile?

Respuesta: Sí y no. Claro que con más de 10 millones de seguidores y el sonido mediático que se había producido sabía que iba a estar ahí. Eso siempre es bueno y la gente que no es seguidora de las redes sociales se acerca a ese mundo.

P: ¿No es abrumador?

R: Pero también da mucho miedo. Se quedaron fuera unas 250 personas. Había clientas que me decían que ni para ir al concierto de Lady Gaga hicieron tanta cola.

P: ¿Qué fórmula usaste?

R. Claro que se juntaron los astros: se le dio mucho bombo, era el desfile de apertura, la hora era perfecta, estaba en las redes sociales, montamos una post-party VIP muy chula…

P: ¿Bautizar el desfile con la palabra 'Millennial' es oportunista?

R: Creo realmente en los millennials, bueno, es que yo soy de esa generación y la interpretación de esta colección era concienciar de que existimos y tenemos nuestros gustos, de que los millennials estamos ahí. Yo reinterpreto la costura clásica, este desfile ha sido un ataque directo a mi conciencia. Tengo 29 años, ¡yo soy millennial!

Las influencers y el marketing

P: ¿Y contratar a tantas influencers para el desfile no es un gesto de marketing?

R: Son mis amigas, No es un campaña de marketing; al contrario, a mí me interesa captar a otro público porque al público millennial ya lo tengo. Queremos mujeres de todo tipo.

P: ¿Qué les das a las influencers?

R: Hace casi cuatro años que empecé en Instagram y al principio solo me seguían las hijas. Luego empezaron a seguirme las madres y al final hasta las abuelas. Por eso llegamos tan rápido al público joven, porque hace unos años éramos pocos en Instagram.

P: ¿Solo con redes sociales se puede crear una marca?

R: No. No es solo las redes sociales. Yo monté la firma con cabeza ya hace cinco años. Antes hacía vestidos y todos los vendía con mi etiqueta. He sido siempre consciente de que quería mi propia marca. Estaba organizado todo para consolidarse con una muy buena base.

P: ¿Empezó todo en Instagram?

R: Aída (Domènech, es decir: Dulceida) tenía 50.000 seguidores (ahora tiene 2,2 millones) cuando yo empecé en Instagram. ¡Imagínate! Pero que nadie se piense que es abrirse una cuenta y colgar fotos y ya. No, no, esto es un trabajo de 24/7, superentregado.

P: ¿Te cansa?

R: Mira, antes eras carpintero, por ejemplo, y sabías que serías carpintero toda tu vida. Eso ya no es así, tenemos que ser conscientes de ese cambio total. De repente todo se mueve muy rápido.

P: ¿Como la vida de los perros?

R: Ay, qué gracia, pues ¡es una definición muy clara! Un año de ahora son siete años de antes, totalmente así.

P: ¿Como diseñador afecta esa inmediatez?

R: En el momento en que Zara saca colección cada semana, tú no te puedes quedar dormido.

P: Entonces, ¿no serás siempre diseñador?

R: Uf, no lo quiero ni pensar, que me amargaría la existencia. No quiero filosofar. Si es que me autofreno y todo: he tenido la posibilidad de vender en multimarcas y me he negado. Por ahora no quier salir de mi atelier. Porque una vez empiezas con la expansión, ya no lo puedes parar y eso me parece peligroso.

P: ¿Cuál es el siguiente paso?

R: Está muy claro: necesito más presencia en Madrid. Allí están las alfombras rojas, las celebrities… Lo tengo en mi futuro pero son fechas. Lo que sí sé es que no podrá ser un atelier porque yo no puedo estar siempre. Una tienda, quizás, sería lo ideal, aunque la zona es importante, sobre todo en Madrid. El barrio de Salamanca sería el lugar interesante, abrir una tienda o un fitting room. Seguro que haremos algo porque cada vez tenemos más vinculación: los Goya…

Dulceida con ropa de Ze García. (Gtres).
Dulceida con ropa de Ze García. (Gtres).

La vida después de Dulceida

P: ¿Qué cambios percibes entre los millennials y las generaciones anteriores?

R: Me sorprenden a veces mis clientas. Pienso, Dios mío, ¿¡cómo se va a poner eso para ese evento?! Y se lo ponen. Antes eran vestidos solo de alfombra roja, ahora son ya para una fiesta familiar, la boda de una hermana o una puesta de largo. Cuando ellas me razonan, me doy cuenta de que no puede ser que una clienta se atreva más que yo. Es que mi ropa supone cumplir el sueño de casi toda niña.

P: ¿Puestas de largo? ¿Todavía?

R: ¡Sí! ¡Hay muchísimas! Todas las familias acomodadas hacen puestas de largo para sus hijas cuando cumplen 18 años. Los vestidos del anterior desfile se vendieron casi todos para puestas de largo. Un día, una madre le decía a su hija: hay dos momentos importantes en tu vida, el día de tu boda y el de tu puesta de largo. Y en la boda solo puedes ir de blanco… En cambio, en tu puesta de largo te puedes poner un vestidazo negro, o verde, o rojo.

P: Como una influencer. ¿Cómo empezó lo tuyo con Dulceida y el resto?

R: La primera fue Inés Arroyo y luego fue Aída, que se acercó a mí. Me acuerdo porque me quedé alucinado. Me llamó y me dijo que tenía una gala en Nueva York y que estaba entre ponerse un Valentino que le prestaban o uno mío. Escuchar mi nombre y el de Valentino en una misma frase… No me lo creía. Entonces vino a mi casa, que era mi taller, en la calle Tuset, y empezó nuestra amistad.

P: ¿Hubo un antes y un después de ser el responsable del vestido de novia de Dulceida?

R: Por una sola cosa no puede cambiar todo. Fueron muchas cosas a la vez. Ya trabajábamos muy bien; si no, hubiera sido imposible. Porque una cosa es la repercusión mediática y la otra las ventas. En lo que realmente cambió es en que no hacíamos vestidos de novia y ahora los hacemos, con un equipo dedicado a ello y todo. Pero yo ya estaba encauzado.

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