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todo lo que la red social nos dio

9 cosas que le debemos a Mark Zuckerberg (ahora que está en su peor momento)

Vanitatis repasa lo que el mundo debe a este genio de las redes sociales que cambió nuestra forma de comunicarnos

Foto: Zuckerberg en una imagen de archivo. (Gtres)
Zuckerberg en una imagen de archivo. (Gtres)
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Una noche de 2003, Mark Zuckerberg se tomó unas cervezas con sus compañeros de universidad y creó Facemash, una web que puntuaba a las estudiantes de su campus de Harvard según su atractivo físico. Ayer, 15 años más tarde, esa web se ha convertido en una cuestión de Estado. Zuckerberg se sentó en el Congreso de los Estados Unidos para dar explicaciones por la filtración a empresas de los datos personales de 87 millones de norteamericanos: a eso se le llama redefinir el concepto de \'salí a tomarme una caña y me lié\' (seguro que hay un grupo de Facebook con ese nombre). ¿Y tú, qué has hecho con los últimos 15 años de tu vida?

Probablemente hayas pasado varios de ellos en Facebook. Por eso, ahora que su fundador está tocando fondo mediático (y pensar que hace un par de meses se hablaba de su hipotética candidatura a la Casa Blanca), merece la pena recordar todas las cosas buenas que Mark Zuckerberg ha hecho por nosotros. O quizá no todas sean buenas, pero, qué demonios, todas han sido divertidas.

1. Los grupos de Facebook

Nadie recuerda exactamente en qué momento dejaron de tener gracia, pero vaya risas nos echamos durante aquel par de meses de 2010. Unirse a grupos de Facebook nació como una búsqueda de gente con intereses comunes para compartir información y generar conversaciones sobre tus cosas favoritas. Pero en cuestión de semanas se convirtió en una definición de carácter: unirse a un grupo con un nombre gracioso decía más de ti que cualquier estado o fotografía. Ya nadie posteaba en ellos, solo te unías, dejabas claro que molabas y seguías a otra cosa (seguramente esa otra cosa era unirse a más grupos).

Enseguida se convirtió en una forma de vida con sus propias ramificaciones y subcategorías. Había grupos nostálgicos, los \'yo también\' (Yo también creo que en Humor Amarillo moría gente, Mi madre también se inventa la hora que es cuando me despierta, Yo tampoco entiendo cómo podía ser tan grande el campo de Oliver y Benji, Yo también me monté en una atracción de feria con Camela de fondo); había grupos con juegos de palabras (Al Sayid de clase, Si hay que ir a Ikea se va pero ir pa na estantería, Salir de casa hecha una Barbie y volver hecha una barbarie); y, por encima de todos ellos, había grupos de \'señoras que\'.

\'Señoras que se ponen una bolsa de plástico en la cabeza cuando llueve\' era el Ciudadano Kane de esta subcategoría, que empezó a derivar en las estirpes familiares (Señoras que en las bodas te preguntan ¿y tú, para cuando?), en la automedicación (Señoras que se toman ibuprofenos como si fueran Lacasitos) y en el folclore (Señoras que se golpean el pecho con el abanico para darse aire). Ahora todos esos grupos sobreviven compartiendo contenido para intentar venderte cosas y tú ni te acuerdas de haberte unido. Uno de ellos, en concreto, con el tiempo se volvería una ironía perversa: “Yo también he mentido en lo de \'He leído y acepto los términos y condiciones de uso”.

2. Facebook ha agudizado tu intelecto

Y no solo porque cuando estás en la oficina y empieza a reproducirse a todo volumen un vídeo de sudamericanos en una excursión deslizas el dedo con los reflejos de un ninja. Cada vez que se ha destapado un nuevo escándalo en torno a lo que Facebook hace con nuestra información privada (spoiler: cosas malas), Mark Zuckerberg se ha disculpado (lleva un total de siete disculpas formales) y tu cuñado ha pegado un texto en el muro según el cual desautorizaba tajantemente a la plataforma para utilizar sus fotografías. Hala, solucionado.

Otros usuarios, los que no creen en la brujería, han optado por intentar modificar la configuración de su privacidad. Buena suerte. Con lo fácil que fue darse de alta en Facebook, resulta ofensivo que para cambiar las condiciones de tu intimidad (que, si nunca las has modificado, debes saber que están abiertas de par en par) haya que descender los siete círculos del infierno. En todas y cada una de sus disculpas, Zuckerberg ha aclarado que los usuarios aceptan estas condiciones cuando se registran en Facebook. Nos encantaría rebatirle este argumento, pero para eso habría que leerse los términos y condiciones de uso, y yo, sinceramente, prefiero que me espíen. Total, mi vida tampoco es tan interesante.

3. La importancia de una corbata adecuada

¿Cuántas horas has pasado buscando una corbata para una boda que fuese del mismo color que el vestido de tu novia? Mark Zuckerberg sabe que una corbata es el único complemento con el que un hombre puede ponerse creativo, así que para su comparecencia de anoche eligió una de color azul. De color azul Facebook. Corporativo hasta para ir a la cárcel.

4. Los filtros

¿Quieres evitar que se rompa España? Ponte una bandera. ¿Quieres solidarizarte con una ciudad atacada por el terrorismo? Ponte una bandera. ¿Quieres celebrar el Orgullo LGTB? ¡Ponte una bandera! Nada como darle un poco de color a tu foto de perfil para aportar tu granito de arena y sentir que estás solucionando el mundo sin tener que mover el culo del sofá. Y de paso, este gesto sirve para darte cuenta de que tienes contactos (generalmente, tus tíos) cuya ideología choca frontalmente con la tuya y que no tienen problemas en dejártelo claro en los comentarios. ¿Quieres hacer una criba ideológica en tu muro? ¡Ponte una bandera! Y si no hay ninguna causa que te motive, ponte a la reina Letizia interponiéndose tu foto de perfil: es el único filtro que realmente nos une como nación.

5. La red social

Sin Mark Zuckerberg no habría existido una de las películas que más y mejor definen el siglo XXI, un siglo en el que llevamos 18 años y del que ya estamos agotados. Un guion implacable que tu cerebro todavía sigue persiguiendo, una puesta en escena quirúrgica que debería estudiarse en las escuelas de cine como ejemplo de cómo contar una historia perfecta y un puñado de frases que ojalá poder utilizar en la vida real: “Crees que no les gustas a las chicas porque eres un empollón, pero no es cierto: es porque eres un gilipollas”, “más te vale empapelarte de abogados, payaso, porque no voy a por el 30%, voy a por todo” y, por supuesto, “si hubieras inventado Facebook, habrías inventado Facebook”.

Fotograma de \'La red social\'. (Gtres)
Fotograma de \'La red social\'. (Gtres)

6. Espiar a tus contactos

Mantener relación con los tres italianos que conociste en Erasmus tiene gracia. Averiguar a qué dedica el tiempo libre tu ex mientras escuchas canciones de Ed Sheeran a oscuras en tu habitación no es un mal plan de martes noche. Conocer cada paso de la relación sentimental de alguien, desde que empieza a compartir absolutamente todo (especialmente fotos de dos pares de pies en la playa y estados de \'pues en quién voy a estar pensando...\') hasta que se pone una foto entera negra y cuenta todos los trapos sucios, e ir comentándola con tus amigos como si fuera un reality show puede volverse adictivo. Pero, por encima de todo, descubrir que el excompañero de clase que te hacía bullying se ha quedado calvo, tiene más hijos de los que le gustaría y malvive con un trabajo miserable es a veces la única justicia poética que te mantiene con vida.

7. El Candy Crush

En 2012, esta versión trepidante del Tetris nos hizo perder un 20% de visión, un 100% de nuestro tiempo y de paso nos definió como especie. El Candy Crush era un experimento sociológico. Todos empezamos para pasar el rato, preguntándonos “¿pero quién demonios pagará por vidas en esta movida?” y acabamos mendigándole vidas al excompañero de clase que nos hacía bullying.

Candy Crush supuso una histeria colectiva y el único tema de conversación que podías tener en el trabajo, en el gimnasio y en la cena de Navidad. Y hoy sobrevive como un fantasma del pasado: de vez en cuando te llega una solicitud de vidas por parte de algún pobre desgraciado que sigue intentando superar el nivel 873. ¿Cómo puede ser que me sigan llegando estas notificaciones de Candy Crush y de Farmville, si hace años que las borré? Déjame responder a eso con otra pregunta: ¿leíste los términos y condiciones de uso al descargártelas?

8. El botón de \'no me gusta\'

Los políticos nos roban, nuestros jefes nos explotan y las aplicaciones trafican con nuestra vida privada. ¿Pero cuál es la causa por la que más hemos protestado en esta década? El botón de \'no me gusta\' en Facebook. Porque resulta insoportable vivir en un mundo en el que la única reacción posible es que te gusten cosas. ¿Pero esto qué es? ¿Disneylandia? Yo aquí he venido a quejarme, señora. Deme mi botón de \'no me gusta\' para solidarizarme con mi prima cuando la echen del trabajo, empatizar con mi compañero de Erasmus italiano cuando se muera su abuelo o dejarle claro a mi tío que no he votado al mismo partido que él.

Por eso cuando el 24 de febrero de 2016 Facebook por fin escuchó al pueblo e incluyó no una, sino cinco reacciones más (risas, enfado, tristeza, corazón, sorpresa), comprendimos cómo debieron sentirse los estudiantes de Mayo del 68, los berlineses que derribaron el muro o los parisinos que tomaron la Bastilla. Un momento. ¡Que sigue sin haber botón de \'no me gusta\'! Que alguien siente a Zuckerberg en el Congreso y le diga que queremos nuestro dedo pulgar hacia abajo y lo queremos ahora, por favor.

9. Los memes del Senado

La expresión descompuesta de Mark Zuckerberg durante su comparecencia de este martes se ha convertido en un meme en sí misma, dejando claro que el karma existe y también está indignado con Facebook. Con una cara a medio camino entre un ciervo asustado por los faros de un coche, la cara que se te pone cuando dudas si te has dejado la plancha encendida y el reflujo que te sube cuando vas a una comida familiar intentando disimular la resaca, Zuckerberg dio lugar a todo tipo de chascarrillos ingeniosos: que si parecía un alienígena bebiendo agua para pasar desapercibido, que si era un hombre lagarto y por eso bebía tanta agua, que si era como cualquiera de nosotros intentando explicarles a nuestro padres cómo funciona el router (los senadores demostraron no tener ni idea de qué era Facebook al preguntar por qué era gratis y el favorito de internet), cuando el senador de Illinois, Dick Durbin, le preguntó si a él le gustaría que supiéramos en qué hotel de Washington se había hospedado la noche anterior como nos ocurre a nosotros, los usuarios, cuando hacemos una búsqueda en Booking y de repente se nos llena Facebook de anuncios de hoteles en esa ciudad hasta después de haber ido y haber vuelto.

Mark Zuckerberg respondió que no, que no le gustaría. Las redes sociales entraron en éxtasis. Chúpate esa, Mark. Toma de tu propia medicina. LOL. No, en realidad esto no es una victoria pero, al fin y al cabo, ya que no tenemos privacidad, la risa es lo único que nos queda. Eso o darle a \'no me gusta\', pero, claro, no existe. También podríamos borrarnos Facebook, aunque nos perderíamos ratos tan emocionantes como los nueve puntos de este artículo.

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