El álbum de boda de Isabel en el Monasterio de El Escorial: del vestido de Valenzuela a la decoración con flores colgantes
Con el imponente monasterio del siglo XVI como testigo de su promesa de amor, Isabel y Javier celebraron una preciosa boda rodeados de sus familiares y amigos
Isabel nos cuenta que en su infancia paseaba asiduamente por las inmediaciones de El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, pero que nunca había pensado que su boda se celebraría allí. "Después de haber ido muchísimas veces a El Escorial y pasear por delante de El Monasterio cuando era pequeña, jamás me hubiera imaginado que me casaría ahí en ese monumento tan grandioso". El destino y la petición de mano de Javier terminaron por encajar las piezas y la basílica ubicada dentro de este complejo sería testigo de su 'sí, quiero'.
Javier, responsable de clientes en el área de Real Estate del Banco Santander, e Isabel, investor relations de fondos de Inversión en Capital Strategies Partners, sellarían su historia de amor con el monasterio del siglo XVI ubicado en el municipio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid) como telón de fondo.
La pareja se conoció en 2016, "teníamos amigos en común, pero nos presentaron por primera vez de fiesta en una discoteca en Gabana de Madrid", y no fue hasta nueve años más tarde cuando dieron el paso. "Javier me pidió matrimonio en La Toscana, uno de los sitios que más me apetecía conocer", recuerda Isabel.
El siguiente paso fue fijar la fecha de su enlace: 13 de septiembre de 2025. Como manda la tradición, la primera parte, la ceremonia religiosa, transcurrió en El Monasterio de El Escorial. Después, los novios y sus 320 invitados cambiaron de ubicación para celebrar sus nupcias en una finca familiar en Galapagar.
"Yo siempre me había imaginado una boda más bien pequeña e íntima. Sin embargo, Javier, al haber vivido tantos años en el extranjero y tener amigos por todas partes del mundo, todo lo contrario. Al final, así fue", detalla la novia.
Para organizar cada detalle y que tanto ellos como sus invitados disfrutasen de un día inolvidable, Isabel y Javier contrataron los servicios de María Oronoz, la fundadora de Martina por el Norte. "María le organizó una boda a una de mis íntimas amigas, y después de ver lo perfecto que salió todo no dude en pedir ayuda a la misma persona. Su trabajo nos pareció esencial. Hubiera sido imposible llegar a todo sin ellas, y en especial, el día de la boda, que estuvieron muy pendientes de todo", explica.
Para crear el vestido más importante de su vida, Isabel llamó a las puertas del atelier de Valenzuela, el que ha firmado los trajes nupciales más destacados del último año.
"Del vestido tenía clara dos cosas. No quería un traje blanco nuclear, y, como soy muy recta, prefería un patrón que me camuflara un poco, que tuviera vuelo y movimiento. También sabía que quería un diseño muy sencillo, nada recargado. Así suelo ir en mi día a día y quería mantenerlo en mi boda", cuenta Isabel.
La joven de 33 años recuerda que el proceso de creación de su look fue muy divertido. "Llegué con un batiburrillo de ideas e inspiraciones que eran opuestas entre ellas. Con la tela fue amor a primera vista, seda salvaje, justo lo que buscaba para el cuerpo. Manteniéndome en la idea de que quería algo muy sencillo, pero a la vez diferente, surgió la idea de la asimetría, pero que subiera por el cuello haciendo pliegues. Para la parte de abajo, el equipo de Valenzuela supo captar a la primera lo que pedí".
A sus pies, y como muchas novias, Isabel se calzó unas sandalias de Flordeasoka. En cuanto a las joyas, "lucí los dos anillos con los que Javier me pidió matrimonio, ambos de Suárez. Uno de ellos, lo hizo él desde cero, eligiendo las piedras unas a una. Es un anillo muy especial". Los pendientes fueron el regalo de pedida, "los hizo a mano el joyero Javier Gómez Zuloaga". En línea con la sencillez, escogió el ramo de Ferini. "Me imaginaba un ramo con algo de color, sin ser llamativo y que fuese cómodo y práctico. Las gerberas cumplían con todo eso, además son de mis flores favoritas".
Javier, clásico, elegante e impecable, optó por un chaqué a medida de Sánchez Caro y zapatos de Crockett & Jones.
Aquel día, Isabel se arregló en casa de sus padres, acompañada de ellos, sus hermanas y su mejor amiga, "no se me ocurre lugar ni compañía mejor para llevar esa mochila de nervios y emociones". Ángela Blanco, de Wedding Blanco, maquilló y peinó a la novia. "Soy una persona que se maquilla muy, muy poco, por no decir nada, y me daba miedo no encontrar a alguien que fuera capaz de encontrar ese punto de ir muy maquillada, pero sin que lo parezca. Ángela es un 10, como maquilladora, y también como persona. Escogerla fue una de las mejores decisiones".
Isabel y su padre llegaron a El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y después, arrancó la ceremonia religiosa. "Una vez me dieron un consejo, que al entrar en la iglesia mirara a todo el mundo, y eso intenté. Es increíble la felicidad que te transmite la gente en ese momento solo con una mirada. También recuerdo la cara de Javier al llegar a él. Después de 9 años, nunca le había visto con esa expresión".
Convertidos en marido y mujer, Javier e Isabel se trasladaron a la finca donde celebrarían su amor junto a sus familiares y amigos. "Para la decoración quería mucho color. La finca es una casa de campo, con mucho olivo y mucha encina. Quería flores muy llamativas, así que pusimos guirnaldas de flores de todos los colores colgando por todos lados".
El catering del Mentidero de la Villa sirvió tanto el cóctel como el primer plato. ¿El menú? De primero, salmorejo con langostinos; y de segundo, a cargo de El Huaso, lomo bajo de Angus con pimientos asados y patatas.
"Uno de los instantes más emotivos de la celebración fue cuando le dimos los ramos a nuestras madres. Nosotros estamos muy acostumbrados y sabemos que el 'momento ramo' va a pasar, pero para nuestras madres es algo desconocido y nuevo, y les pilló completamente por sorpresa. Fue un momento muy, muy especial", rememora Isabel.
Para abrir el baile, Somethin’ Stupid, de Frank Sinatra, "una de las canciones favoritas de mi padre. Al terminar, abrimos la fiesta con la canción de Juan Luis Guerra, “A pedir su mano”. Te guste bailar o no con esa canción, es imposible quedarse quieto".
Cerramos el álbum de boda de Isabel y Javier con sus consejos para futuros enlaces. "Siempre te hablan de lo rápido que pasa el día de tu boda, pero es algo que hasta que no llega no te das cuenta. Hay que vivir ese día disfrutando y siendo consciente de cada momento, como si al día siguiente fueran a hacerte un examen. Otro consejo que me ayudó muchísimo a sobrellevar mis nervios fue que, sea lo que sea que no salga como tenías pensado, solo tú vas a ser consciente de ello".
Isabel nos cuenta que en su infancia paseaba asiduamente por las inmediaciones de El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, pero que nunca había pensado que su boda se celebraría allí. "Después de haber ido muchísimas veces a El Escorial y pasear por delante de El Monasterio cuando era pequeña, jamás me hubiera imaginado que me casaría ahí en ese monumento tan grandioso". El destino y la petición de mano de Javier terminaron por encajar las piezas y la basílica ubicada dentro de este complejo sería testigo de su 'sí, quiero'.