La realidad es que es una escena de lo más común, alguien está sentado en una reunión importante, en la sala de espera del médico o incluso viendo una película de suspense… y su pierna no deja de moverse. Un gesto de balanceo inconsciente que está vinculado de manera natural al nerviosismo, pero ¿sabes por qué?
El movimiento de la pierna es involuntario, pero está vinculado al estrés. (Pexels)
Lo primero, como ocurre con otro tipo de gestos involuntarios, es explicar que al sentir estrés o ansiedad el sistema nervioso simpático entra en acción. Esta rama del sistema nervioso autónomo es la responsable de preparar al organismo para situaciones percibidas como amenazantes, activando la conocida respuesta de "lucha o huida". De ahí que se libere adrenalina, aumente la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la activación muscular.
La ciencia detrás de este movimiento
Por ello, puede surgir un 'temblor nervioso' o 'movimiento de descarga'. Es decir, es una forma en la que el cuerpo busca liberar el exceso de energía generado por esta activación fisiológica. De hecho, estudios neurocientíficos sugieren que estas acciones están mediadas por estructuras cerebrales como el córtex motor, los ganglios basales y el sistema límbico, los cuales regulan tanto el movimiento como las emociones.
Los ganglios basales son un conjunto de estructuras cerebrales implicadas en la regulación de los movimientos voluntarios e involuntarios. En estados de ansiedad, pueden activarse de manera excesiva, facilitando la aparición de movimientos repetitivos o tics motores, como el balanceo de la pierna. Además, la corteza prefrontal, encargada de la regulación emocional y del control cognitivo, puede verse sobrepasada en momentos de estrés, lo que reduce su capacidad para inhibir movimientos automáticos.
La clave está en saber el origen de esos nervios, y que no superen al cuerpo. (Pexels)
Sin embargo, también hay que tener en cuenta que el balanceo de la pierna no solo es una descarga física de energía, sino que también puede cumplir una función reguladora en el ámbito emocional. Algunos estudios en psicología han mostrado que este tipo de movimientos rítmicos pueden tener un efecto tranquilizador, ayudando a modular la respuesta del sistema nervioso y reduciendo la percepción subjetiva del estrés.
Por ello, el acto de moverse puede considerarse un mecanismo de autorregulación, similar a otras conductas repetitivas como morderse las uñas o jugar con un bolígrafo. A través de estas acciones, el cerebro busca una forma de mitigar el malestar emocional. Aunque, si se convierte en algo muy habitual o que afecta a la vida diaria, se debe consultar con un profesional sanitario o de la salud mental.
La realidad es que es una escena de lo más común, alguien está sentado en una reunión importante, en la sala de espera del médico o incluso viendo una película de suspense… y su pierna no deja de moverse. Un gesto de balanceo inconsciente que está vinculado de manera natural al nerviosismo, pero ¿sabes por qué?