Los edulcorantes son buenos si se usan en su justa medida. (Pexels/ Nati)
En este contexto, los edulcorantes han surgido como una alternativa que, al no aportar calorías y tener un índice glucémico casi nulo, podrían mejorar el control glucémico y reducir la ingesta calórica total. Ensayos clínicos y metaanálisis han mostrado que sustitutos naturales como la stevia y la fruta del monje mantienen una respuesta glucémica estable, lo que los hace especialmente atractivos para personas con diabetes o resistencia a la insulina.
Además, al no ser fermentados por las bacterias orales, estos edulcorantes contribuyen a prevenir la formación de caries, lo cual representa un beneficio significativo en términos de salud dental. La ausencia de impacto en la glucosa, junto con la reducción de la ingesta calórica, posiciona a los edulcorantes como herramientas útiles en la prevención y manejo de diversas condiciones metabólicas.
Los azúcares refinados, en grandes cantidades, pueden empeorar el estado de personas con resistencia a la insulina. (Pexels/ Mikhail Nilov)
Sin embargo, la literatura científica también advierte sobre posibles efectos adversos. Algunos estudios sugieren que ciertos edulcorantes, especialmente los de origen sintético, podrían alterar la composición de la microbiota intestinal y, en algunos casos, perpetuar una preferencia por sabores excesivamente dulces. Esta situación podría conducir a una compensación calórica en otras áreas de la dieta, lo que a largo plazo contrarrestaría los beneficios potenciales.
Frente a esta controversia, la evidencia respalda que opciones como la stevia, extraída de las hojas de Stevia rebaudiana, y la fruta del monje, derivada de la fruta seca, presentan perfiles de seguridad y eficacia en el control glucémico, avalados por múltiples ensayos clínicos. Asimismo, alcoholes de azúcar como el eritritol y la alulosa, con aporte calórico mínimo, se han mostrado prometedores para mantener niveles estables de glucosa en sangre sin los efectos negativos asociados al azúcar.