Estos son los rasgos de personalidad que comparten las personas que tuvieron pocos amigos en su infancia, según la psicología
La exclusión a edades tempranas puede llevarnos a desarrollar una serie de miedos que impiden que manejemos de manera correcta las relaciones sociales en la edad adulta
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Los comportamientos, pensamientos y emociones vividos de niños pueden arrastrarse a la vida adulta, teniendo un impacto en nuestra mente que puede definirnos como personas adultas en relación a varios aspectos de nuestra vida como la confianza, la autoestima, las relaciones de pareja, nuestras aptitudes en el trabajo y habilidades sociales.
Desde la psicología se reconoce que vivir cierta exclusión social en etapas tempranas puede cambiar la manera natural en que una persona se relaciona con el mundo, afectando a su autoestima, sus vínculos y hasta su percepción de sí misma. Y es que si desde pequeños nos hemos sentido excluidos y rechazados, esos miedos nos acompañarán a lo largo de la vida. Tomar conciencia de ellos no es fácil, ya que conviven en nuestra mente desde hace muchos años.
Los efectos de sentirse rechazado o excluido durante la infancia pueden manifestarse en forma de patrones de conducta persistentes. Algunos de los más comunes son el miedo al rechazo y la ansiedad en ciertos contextos sociales, la necesidad de validación externa de manera continua y el perfeccionismo en cualquier tarea que se lleva a cabo.
Quienes han sentido el dolor del rechazo también tienden a ser personas leales con los demás, cuyo nivel de empatía suele ser elevado y, a menudo, se convierten en un sostén emocional para quienes les rodean.
A menudo, estas personas sienten una necesidad extrema de complacer a todos aquellos que les rodean por miedo a no volver a ser aceptadas, y suelen priorizar las necesidades de los demás antes que las suyas.
Esta necesidad también les lleva a necesitar la aprobación de los demás y suelen desconfiar de las personas nuevas que llegan a su vida por miedo a ser rechazados de nuevo. A pesar de las heridas emocionales de la infancia, muchas personas desarrollan una gran capacidad para adaptarse, reinventarse y superar la adversidad.
El desarrollo emocional es la clave para entender el motivo por el cual somos como somos y para adquirir, a partir de ahí, herramientas que nos sirvan para construir una autoestima sólida que no haga mirar hacia delante dejando nuestro pasado atrás.
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