Con el paso de los años, el cuerpo cambia y la necesidad de cuidarlo evoluciona. A partir de los 40, la ralentización del metabolismo, la pérdida de masa muscular y la disminución de densidad ósea se convierten en procesos naturales que, de no atenderse, afectan directamente a la calidad de vida. Sin embargo, el envejecimiento no tiene por qué implicar pérdida de fuerza ni vitalidad, y el entrenamiento de fuerza aparece como un aliado clave en esta etapa.
Así lo explica Lurdes Álvarez, especialista en menopausia, quien subraya la importancia de incorporar ejercicios de fuerza en la rutina diaria tras los 40 años. Según señala, no entrenar el cuerpo acelera la flacidez, la disminución de la energía y aumenta el riesgo de lesiones. Frente a este panorama, levantar pesas o realizar ejercicios de resistencia no solo reactiva el metabolismo, sino que también protege los huesos y previene la temida osteoporosis.
Además de los beneficios físicos, Álvarez destaca el impacto positivo en el equilibrio hormonal. El entrenamiento de fuerza contribuye a regular las hormonas de manera natural, reduciendo la ansiedad, mejorando el estado de ánimo y favoreciendo un bienestar emocional más estable, sin necesidad de recurrir a tratamientos farmacológicos.
La piel también agradece este tipo de actividad. Gracias a la tonificación muscular, se observa una mayor firmeza, una reducción visible de la flacidez y, en muchos casos, un retraso en la aparición de arrugas. Otro efecto notable es la disminución de la hinchazón y de la retención de líquidos, dos problemas habituales a partir de esta década de vida.
No se trata de rutinas fuertes, es mejor ir progresivamente. (Freepik)
Álvarez recuerda que no se trata de levantar grandes pesos o de practicar rutinas extenuantes, sino de integrar progresivamente ejercicios adaptados a cada condición física. Con constancia, cualquier mujer puede fortalecer su cuerpo y sentirse más activa y enérgica que nunca.
Antes de iniciar cualquier programa de entrenamiento, especialmente en etapas como la menopausia, se recomienda consultar con un profesional de la salud o del deporte para adaptar el plan a las necesidades individuales.
Con el paso de los años, el cuerpo cambia y la necesidad de cuidarlo evoluciona. A partir de los 40, la ralentización del metabolismo, la pérdida de masa muscular y la disminución de densidad ósea se convierten en procesos naturales que, de no atenderse, afectan directamente a la calidad de vida. Sin embargo, el envejecimiento no tiene por qué implicar pérdida de fuerza ni vitalidad, y el entrenamiento de fuerza aparece como un aliado clave en esta etapa.