Ana Pérez Ballesta, médico de familia: "Nunca utilices agua oxigenada o alcohol para curar tus heridas ya que retrasan la cicatrización, son antisépticos para piel sana"
Las rutinas de primeros auxilios heredadas pueden no ser tan inocuas como parecen. Replantearse lo aprendido es clave para evitar errores que dañen más que curen
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Pocos gestos están tan arraigados en los botiquines domésticos como el de aplicar alcohol o agua oxigenada sobre una herida. Desde generaciones, se ha creído que cuanto más escuece, más eficaz es la desinfección. Sin embargo, esta costumbre está lejos de ser la más recomendable desde el punto de vista médico.
Así lo advierte la médico de familia Ana Pérez Ballesta a través de un vídeo publicado en su perfil de Instagram, donde lanza una advertencia clara y directa: “Nunca utilices agua oxigenada o alcohol para curar tus heridas”. Aunque estos productos son conocidos por su poder desinfectante, su uso en heridas abiertas puede resultar contraproducente y dañar el proceso natural de curación del cuerpo.
Según explica la doctora, tanto el alcohol como el agua oxigenada tienen la capacidad de eliminar bacterias, pero también afectan negativamente al tejido que está intentando regenerarse. “Escuece porque quema”, afirma. Y ese escozor no es solo una molestia: es una señal de que también están atacando a las células propias encargadas de reparar la piel lesionada.
El uso de estos antisépticos puede ralentizar la cicatrización y aumentar el riesgo de que quede una marca permanente. “Son un muy buen antiséptico, pero para piel sana. No son para heridas”, insiste Pérez Ballesta. Aplicarlos sobre una herida es, en sus palabras, “matar también a las células que intentan ayudarte”.
Frente a esta práctica extendida, la médico ofrece alternativas seguras y eficaces: limpiar la herida con agua y jabón, o con suero fisiológico. En caso de querer aplicar un antiséptico, recomienda optar por opciones menos agresivas como la clorhexidina en bajas concentraciones, entre el 0,05 % y el 0,2 %, que permiten proteger la zona sin obstaculizar su recuperación.
Su advertencia desmonta uno de los mitos más comunes del cuidado básico en casa. Y deja una lección clara: en cuestiones de salud, lo aprendido por tradición no siempre es lo más adecuado. A veces, curar no es cuestión de quemar, sino de respetar los tiempos y procesos del cuerpo. Y ante la duda, siempre es mejor consultar con un profesional sanitario que pueda valorar cada caso y ofrecer la mejor pauta de actuación.
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