Expertos en higiene doméstica y dermatología coinciden: durante los meses más calurosos, lo ideal es cambiar las sábanas cada 7 días, ni más ni menos. Aunque en invierno podríamos estirar un poco más esta tarea, el calor y la humedad del verano favorecen la proliferación de bacterias y hongos, sobre todo si sudamos al dormir o usamos el aire acondicionado. Además, si compartimos cama, tenemos mascotas o dormimos sin ropa, el lavado semanal se vuelve aún más imprescindible. Muchas personas notan en verano un aumento de irritaciones cutáneas o granitos en la espalda. Y aunque solemos atribuirlo al sol, la ropa o el sudor, lo cierto es que unas sábanas poco limpias también pueden tener mucho que ver. Cambiarlas con regularidad ayuda a prevenir problemas dermatológicos y mejora la sensación de frescor y bienestar nocturno.
El máximo tiempo debe ser de siete días. (iStock)
¿Y qué pasa con la funda de la almohada? Aquí los especialistas se ponen incluso más exigentes: recomiendan lavarla cada tres o cuatro días, especialmente si tienes la piel sensible, te maquillas o aplicas productos antes de dormir. El contacto directo con el rostro hace que acumule impurezas rápidamente, y eso puede interferir con tu rutina de cuidado facial. Una buena opción para no olvidar esta tarea es tener varios juegos de sábanas ligeras de algodón o lino, que se lavan y secan con facilidad. Aprovechar las horas de sol para airearlas también ayuda a mantenerlas frescas por más tiempo.
Dormir bien empieza por un entorno limpio. Y en verano, más que nunca, nuestra cama debería ser un espacio de descanso, no un criadero de bacterias. Cambiar las sábanas a tiempo es un gesto pequeño que marca una gran diferencia.