Durante años, el llamado “corte de digestión” ha sido objeto de debate entre quienes lo consideran una "excusa" veraniega para evitar que los niños se metan en la piscina o en el mar justo después de comer, y quienes defienden su base médica.
David Callejo, enfermero y divulgador sanitario, ha querido zanjar esta discusión con una explicación clara y sencilla. El corte de digestión existe, pero su nombre técnico es síncope por hidropresión.
“Lo que pasa es que tiene otro nombre y es el síncope por hidropusión”, afirma Callejo en un vídeo en redes sociales. Lejos de ser un invento paternal para disfrutar de una siesta, se trata de un fenómeno fisiológico real, que puede tener consecuencias serias si no se toma en cuenta.
Callejo explica que, al comer, “la sangre nos va mucho al estómago o a los intestinos”, lo que implica que hay menos flujo sanguíneo disponible para otras partes del cuerpo, como el cerebro. Este proceso natural es el motivo por el quesolemos sentir somnolencia tras una comida copiosa.
(EFE/Javier Etxezarreta)
Pero la clave está en lo que ocurre cuando, después de comer, alguien decide meterse de golpe en agua fría. El cuerpo reacciona con una serie de cambios cardiovasculares: disminuye la frecuencia cardíaca y se redistribuye la sangre, lo que “va a provocar que llegue menos sangre a la cabeza”. Si se combinan ambas situaciones —digestión activa y contacto con agua fría—, el resultado puede ser un desmayo. “Poca sangre a la cabeza es sinónimo de poder sufrir un desmayo, y un desmayo dentro del agua tiene muchos riesgos”, advierte el enfermero.
Este tipo de síncope no es frecuente, pero puede ser peligroso, sobre todo en personas con ciertas condiciones de salud o si la inmersión en agua fría es muy brusca. Por eso, aunque no hay necesidad de esperar dos horas exactas antes de bañarse, los expertos siguen recomendando cierta prudencia tras las comidas, sobre todo si se trata de una jornada calurosa y la tentación de lanzarse al agua es fuerte.
Durante años, el llamado “corte de digestión” ha sido objeto de debate entre quienes lo consideran una "excusa" veraniega para evitar que los niños se metan en la piscina o en el mar justo después de comer, y quienes defienden su base médica.