Oliver Burkeman, psicólogo, sobre las personas impuntuales: "Quieren mantener siempre el control de las situaciones, y ser el centro de atención cuando llegan y les están esperando"
Oliver Burkeman, psicólogo, sobre las personas impuntuales: "Quieren mantener siempre el control de las situaciones, y ser el centro de atención cuando llegan y les están esperando"
En un mundo cada vez más acelerado, esa forma de respeto es una de las claves para construir relaciones más honestas y equilibradas
Oliver Burkeman, en una foto de archivo. (Wikipedia)
En una época marcada por la inmediatez y los calendarios saturados, llegar tarde a una cita se ha convertido casi en un hábito socialmente tolerado. Sin embargo, la impuntualidad, lejos de ser una simple cuestión logística, puede reflejar patrones de personalidad más profundos. Así lo señala el psicólogo y escritor Oliver Burkeman, quien recientemente compartió en una entrevista con la BBC su visión sobre este comportamiento.
Según el experto, quienes acostumbran a llegar tarde no solo muestran una falta de consideración hacia los demás, sino que, en muchos casos, lo hacen movidos por el deseo de controlar la situación y convertirse en el centro de atención. “Quieren mantener siempre el control de las situaciones, y ser el centro de atención cuando llegan y les están esperando”, afirmó.
La psicología explica que hay detrás de llegar tarde y no pedir perdón. (Pexels / Alex P)
Esta actitud, que a menudo se percibe como egocéntrica, podría esconder inseguridades personales más profundas, según Burkeman. La impuntualidad, entonces, no sería un acto de descuido o desorganización, sino una forma inconsciente de reafirmarse en contextos sociales. A esto se suma el hecho de que, al forzar a los demás a esperar, quienes llegan tarde alteran la dinámica del grupo y redirigen el foco hacia su entrada. Se trata, por tanto, de un gesto que puede resultar perjudicial no solo por la molestia que causa, sino por lo que implica a nivel emocional en las relaciones personales y profesionales.
Paradójicamente, otros estudios recientes, como los realizados por la Universidad de Harvard, han observado que las personas impuntuales tienden a vivir con menos estrés. Según estas investigaciones, su enfoque relajado frente al tiempo puede asociarse a una mayor creatividad, capacidad de resolución y hasta una mejor salud a largo plazo. De hecho, estas personas suelen tener una percepción más laxa del paso del tiempo, lo que explicaría tanto su tendencia a retrasarse como su aparente tranquilidad.
Que no tengas que correr para no llegar tarde. (Pexels/ Michael Foster)
Sin embargo, y aunque estos rasgos puedan tener beneficios individuales, la impuntualidad crónica puede deteriorar la imagen social de quien la practica. “Estas conductas deben cambiarse no solo por el bien personal, sino por la empatía que es obligatoria con el prójimo”, explica Burkeman. En un contexto de relaciones interpersonales sanas, respetar el tiempo del otro es una muestra básica de cortesía y consideración.
Para quienes deseen cambiar este patrón, los psicólogos recomiendan comenzar por reconocer la raíz del problema. Buscar ayuda profesional, establecer rutinas de planificación más estrictas y utilizar herramientas como alarmas o recordatorios puede ser de gran ayuda.
En una época marcada por la inmediatez y los calendarios saturados, llegar tarde a una cita se ha convertido casi en un hábito socialmente tolerado. Sin embargo, la impuntualidad, lejos de ser una simple cuestión logística, puede reflejar patrones de personalidad más profundos. Así lo señala el psicólogo y escritor Oliver Burkeman, quien recientemente compartió en una entrevista con la BBC su visión sobre este comportamiento.