Elizabeth Clapés, psicóloga: "Si yo te pongo un límite es para que tu no te lo saltes. Lo más difícil de los límites es cumplir con sus consecuencias"
Poner límites no es un acto egoísta, sino un ejercicio de autocuidado. Cumplirlos con coherencia es la clave para proteger nuestra dignidad y mantener relaciones equilibradas
Elizabeth Clapés ayuda a identificar el gaslighting. (Instagram / @esmipsicologa / Marta Claveria)
Poner límites en una relación es una de las decisiones más difíciles, pero también una de las más necesarias. Establecerlos correctamente es un acto de autocuidado que nos permite proteger nuestra dignidad y nuestro bienestar emocional frente a situaciones que nos hacen daño.
En su intervención en 'Aprendemos Juntos 2030' de BBVA, la psicóloga Elizabeth Clapés explica que si establecemos un límite es para que la otra persona no lo cruce, porque de lo contrario estaríamos faltando al respeto hacia nosotros mismos y enviando un mensaje contradictorio.
Según Clapés, un límite supone siempre una consecuencia si no se cumple. No basta con decir cuál es el límite: es imprescindible respetarnos lo suficiente como para tomar la dura decisión de llevar a cabo la consecuencia si la otra persona decide saltárselo.
Es importante cumplir con las consecuencias establecidas. (Pexels / Yan Krukau)
La psicóloga subraya que, si no somos capaces de cumplir con la decisión que hemos dicho que tomaríamos si se rompe el límite, es mejor no ponerlo. De lo contrario, lo único que conseguiremos es demostrar que ni nuestra voluntad ni nuestra palabra tienen valor.
Como ejemplo, Clapés plantea un caso de pareja: si decimos que si la otra persona vuelve a ser infiel, la relación terminará, pero cuando la infidelidad se repite no tomamos ninguna acción, el límite pierde completamente su sentido y no sirve para protegernos.
Los límites ayudan a construir relaciones sanas. (Pexels / cottonbro studio)
En esa situación, la otra persona aprende que nuestras palabras no tienen peso y que nuestras advertencias carecen de importancia. Esto facilita que las conductas dañinas se repitan, al no haber consecuencias reales ni claras para quien traspasa los límites.
Por eso, para Elizabeth Clapés, lo más difícil de los límites no es establecerlos, sino cumplir con las consecuencias que hemos dicho que tendrían. Solo así podemos construir relaciones más sanas, en las que exista respeto mutuo y coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.
Poner límites en una relación es una de las decisiones más difíciles, pero también una de las más necesarias. Establecerlos correctamente es un acto de autocuidado que nos permite proteger nuestra dignidad y nuestro bienestar emocional frente a situaciones que nos hacen daño.