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David del Rosario, doctor en neurociencia: "No sabemos ser felices con la forma de relacionarnos con las cosas que sentimos”
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David del Rosario, doctor en neurociencia: "No sabemos ser felices con la forma de relacionarnos con las cosas que sentimos”

El problema no es lo que sentimos, sino que nunca nos enseñaron cómo habitar nuestras emociones con serenidad y sin miedo

Foto: David del Rosario explica la importancia de entender el cuerpo y la mente. (Instagram / @daviddelrosario.oficial)
David del Rosario explica la importancia de entender el cuerpo y la mente. (Instagram / @daviddelrosario.oficial)

El doctor en neurociencia David del Rosario plantea una reflexión profunda sobre nuestra relación con las emociones y cómo estas condicionan, de forma silenciosa pero contundente, nuestra capacidad para experimentar felicidad. En un reciente vídeo compartido en redes sociales, el investigador propone una mirada crítica hacia el modo en que nos vinculamos con lo que sentimos y cómo el sistema de pensamiento en el que hemos sido educados puede estar saboteando nuestro bienestar.

Según Del Rosario, no solo vivimos condicionados por nuestras propias experiencias, sino también por las creencias que nos transmite la sociedad. Esta construcción cultural nos ha empujado a perseguir compulsivamente emociones agradables —aquellas que asociamos con placer, éxito o tranquilidad— mientras rechazamos o evitamos todo aquello que nos resulta incómodo. Esta dualidad, señala, genera una forma de adicción emocional: una dependencia hacia el bienestar que termina volviéndose contraproducente.

El problema, explica el neurocientífico, es que cuando aparece una emoción que no encaja en ese ideal —como la tristeza, el miedo o la frustración— adoptamos una postura de huida o rechazo. Nuestro cuerpo, entonces, entra en un estado biológico de alerta, una “biología de supervivencia” que nos impide relajarnos y disfrutar del momento presente. En otras palabras, comenzamos a defendernos no de amenazas reales, como hacían nuestros antepasados ante depredadores, sino de emociones internas que ya están dentro de nosotros.

Esta forma de relacionarnos con nuestras emociones crea una paradoja. Aunque aspiramos constantemente a ser felices, lo hacemos desde un sistema que nos entrena para no tolerar aquello que sentimos si no es agradable. “Nos cuesta aceptar las emociones menos populares del mismo modo que nos cuesta aceptar a las personas que no nos caen bien de entrada”, señala Del Rosario, en un paralelismo revelador.

placeholder Al llorar de alegría nuestro cerebro está intentando ayudarnos a regular las emociones que estamos sintiendo de forma tan intensa. (Pexels)
Al llorar de alegría nuestro cerebro está intentando ayudarnos a regular las emociones que estamos sintiendo de forma tan intensa. (Pexels)

El resultado de este conflicto es una vida emocional fragmentada: perseguimos la felicidad como si fuera un destino, pero lo hacemos ignorando que nuestras emociones —todas, no solo las que nos agradan— forman parte del proceso vital. Y en ese afán por sentirnos bien todo el tiempo, olvidamos que muchas veces el bienestar nace precisamente de comprender y aceptar lo que sentimos, no de eliminarlo.

Del Rosario propone repensar no solo nuestras emociones, sino el marco desde el que las interpretamos. Según él, la clave no está en cambiar lo que sentimos, sino en modificar la manera en que nos relacionamos con ello. Solo entonces podríamos romper con el ciclo de supervivencia emocional y abrir la puerta a una felicidad más genuina.

El doctor en neurociencia David del Rosario plantea una reflexión profunda sobre nuestra relación con las emociones y cómo estas condicionan, de forma silenciosa pero contundente, nuestra capacidad para experimentar felicidad. En un reciente vídeo compartido en redes sociales, el investigador propone una mirada crítica hacia el modo en que nos vinculamos con lo que sentimos y cómo el sistema de pensamiento en el que hemos sido educados puede estar saboteando nuestro bienestar.

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