Ni de madera ni de plástico: así debería ser tu tabla de cortar para evitar la intoxicación alimentaria
Elegir correctamente la tabla de cortar, mantenerla en buen estado y usarla con criterios de higiene puede marcar la diferencia
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En muchas cocinas, la tabla de cortar es un utensilio imprescindible, pero también puede ser una de las mayores fuentes de contaminación si no se elige y mantiene adecuadamente. Tradicionalmente, las tablas de madera y de plástico han sido las más comunes en los hogares, pero según expertos en seguridad alimentaria, ambas presentan riesgos significativos para la salud si no se usan con precaución.
Las tablas de madera, aunque estéticamente atractivas y valoradas por su origen natural, son porosas. Esto significa que absorben líquidos con facilidad, lo que puede favorecer la proliferación de bacterias como la Salmonella o el E. coli, especialmente si se utilizan para cortar carne cruda o pescado. Además, si no se secan completamente después del lavado, pueden convertirse en un entorno ideal para el crecimiento de microorganismos.
Por otro lado, las tablas de plástico, que en principio parecen más higiénicas por su superficie lisa y no porosa, también presentan riesgos a medio y largo plazo. Con el uso frecuente del cuchillo, la superficie de estas tablas se va llenando de pequeñas hendiduras y cortes donde las bacterias pueden alojarse, incluso tras pasar por el lavavajillas. Algunos estudios han demostrado que estas ranuras pueden retener patógenos de forma persistente, lo que convierte a este material en una opción menos segura de lo que aparenta, sobre todo si no se reemplaza con regularidad.
Ante este panorama, cada vez más expertos recomiendan optar por materiales alternativos, como el polietileno de alta densidad (HDPE) o las tablas de resina compuesta, que ofrecen una mayor resistencia a los cortes, no absorben líquidos y son más fáciles de desinfectar. Estos materiales son habituales en cocinas profesionales precisamente por su durabilidad y sus buenas condiciones higiénicas. Las tablas de HDPE, por ejemplo, no se deforman en el lavavajillas y resisten bien el paso del tiempo sin generar surcos profundos que atrapen restos de alimentos o bacterias.
Además de elegir una buena tabla, también es clave seguir ciertas prácticas de seguridad. Una de las más importantes es utilizar tablas diferentes para alimentos distintos: una para carne, otra para pescado, otra para frutas y verduras, y otra para pan. Esta medida ayuda a evitar la contaminación cruzada, uno de los principales riesgos cuando se manipulan ingredientes crudos.
También se recomienda lavar las tablas con agua caliente y jabón inmediatamente después de su uso, desinfectarlas con productos adecuados (como vinagre blanco o lejía diluida) y, sobre todo, secarlas completamente antes de guardarlas. Si una tabla empieza a mostrar grietas, manchas persistentes o desprende mal olor, es señal de que debe ser reemplazada.
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