Salir de una relación tóxica no significa que todo vuelve a la normalidad de forma automática. A veces, lo verdaderamente complicado llega después, cuando toca construir algo sano y estable. Blanca Sirvent, psicóloga especializada en vínculos afectivos, ha explicado en uno de sus vídeos cuáles son las secuelas emocionales más habituales que muchas personas arrastran al iniciar una nueva relación tras haber vivido una dinámica destructiva.
"Estas son las 8 secuelas que puedes notar en tu relación actual por haber estado en una tóxica", comienza diciendo Sirvent, dando voz a situaciones que muchas personas viven en silencio sin saber por qué. La primera es la desconfianza, que aparece como una sospecha constante: “Me cuesta creer que alguien me quiera sin tener que hacer ni demostrar nada”. Quien ha aprendido que el amor venía con condiciones o exigencias, tiende a pensar que si no hay esfuerzo, entonces no puede ser real.
A esa desconfianza le sigue la baja autoestima, otra de las huellas invisibles que deja este tipo de experiencias. Aunque la pareja actual ofrezca reconocimiento, ternura y palabras de aliento, puede ser muy difícil interiorizar esa imagen positiva. “Mi pareja me ve como una persona valiosa, pero yo soy incapaz de percibirme de esa forma”, explica Sirvent, reflejando un autoconcepto dañado que tarda en reconstruirse.
Otra de las consecuencias más comunes es la ansiedad persistente, especialmente ante situaciones que en otra circunstancia se vivirían con naturalidad. Por ejemplo, tener que decirle a la pareja que no se puede contestar al teléfono en ese momento. El cuerpo, acostumbrado a la imprevisibilidad y a las reacciones exageradas del pasado, sigue respondiendo como si estuviera en peligro.
En una relación sana estás en paz (cagla.jpeg/Pexels)
Algunas personas echan de menos la intensidad emocional que vivieron en relaciones pasadas, aunque esas emociones estuvieran ligadas al malestar. Sirvent apunta que, en este caso, la ausencia de mariposas o la falta de adrenalina no es señal de que algo va mal, sino todo lo contrario: “Lo cierto es que siento paz o seguridad, pero me puede parecer aburrido porque estoy acostumbrada a la montaña rusa emocional”.
Otra secuela importante tiene que ver con la dificultad para poner límites o expresar necesidades. Quienes han aprendido que pedir algo puede generar rechazo, discusión o abandono, tienden a silenciarse por miedo a generar conflicto. Esta autocensura se vuelve casi automática, aunque la pareja actual no haya dado motivos para ello.
El miedo impide vivir la relación de forma sana. (Pexels)
El bienestar con la pareja no se traslada al tiempo en soledad. Muchas personas dicen sentirse tranquilas y seguras cuando están con su pareja, pero cuando se quedan solas, reaparecen los miedos del pasado. La ansiedad, los pensamientos intrusivos o la inseguridad resurgen, como si la calma solo existiera en compañía.
Las secuelas, por tanto, no tienen tanto que ver con la relación presente como con la huella emocional que dejó la anterior. Y, aunque cueste identificarlas, nombrarlas ayuda a comprender por qué una relación sana puede resultar extraña o incluso desconcertante para quien viene de una historia marcada por el desgaste emocional.
Salir de una relación tóxica no significa que todo vuelve a la normalidad de forma automática. A veces, lo verdaderamente complicado llega después, cuando toca construir algo sano y estable. Blanca Sirvent, psicóloga especializada en vínculos afectivos, ha explicado en uno de sus vídeos cuáles son las secuelas emocionales más habituales que muchas personas arrastran al iniciar una nueva relación tras haber vivido una dinámica destructiva.