Alicia González, psicóloga: "Cuando estamos en relaciones que son intermitentes, eso activa el circuito de recompensa"
Muchas relaciones se desarrollan entre gestos de afecto y episodios de distancia o maltrato emocional. La psicóloga Alicia González explica por qué este tipo de dinámicas pueden resultar tan difíciles de soltar y cómo influyen en nuestra forma de v
El amor, cuando duele, puede parecer un rompecabezas emocional. Hay personas que se quedan atrapadas en relaciones que les hacen más daño que bien, sin entender por qué. La psicóloga Alicia González explica que no es falta de fuerza de voluntad, es una cuestión de cómo funciona nuestro cerebro.
Según esta especialista, las relaciones intermitentes —aquellas en las que conviven momentos de afecto con episodios de desprecio o frialdad— pueden convertirse en una auténtica trampa emocional. Lo que sucede, asegura, es que este tipo de dinámicas activan el mismo sistema de recompensa que se despierta como si fuera una adicción. “Te enganchas porque no sabes cuándo llegará el próximo momento bueno, y cuando llega, tu cerebro lo celebra con una subida de dopamina que refuerza la idea de que ha merecido la pena aguantar”.
Este ciclo crea un vínculo difícil de romper. La validación, cuando llega, se vive como una recompensa excepcional. Y cuanto más impredecible es, más poderosa resulta. “Es como una tragaperras emocional”, explica González, “porque nunca sabes si va a salir el premio, pero no puedes dejar de jugar”.
Detrás de esta dinámica hay mucho más que química cerebral. La psicóloga también señala que muchas personas han crecido aprendiendo que el amor se gana a base de esfuerzo. En su infancia, el cariño estaba condicionado al rendimiento, a la obediencia o a la perfección. Esa idea se arrastra a la vida adulta, donde se tiende a buscar la aprobación de quien más la niega. “Es común que alguien que fue tratado con dureza en casa acabe persiguiendo la validación de personas igualmente distantes o exigentes. Se convierte en una especie de examen continuo”, explica.
El problema es que no estamos ante un examen que pueda aprobarse. Las reglas cambian constantemente y la validación, si llega, es fugaz. “Estas personas no esperan nada concreto de ti. Cuando haces lo que te piden, te exigen otra cosa distinta. Nunca es suficiente”, subraya.
El desgaste emocional es enorme. La búsqueda de aprobación en una relación desequilibrada acaba por erosionar la autoestima. Y la esperanza de que algún día esa persona "difícil" vea tu valor se convierte en una meta tan incierta como dolorosa. “El amor no debería doler ni obligarte a demostrar constantemente que lo mereces”, insiste González.
Este patrón, más común de lo que parece, deja una huella profunda. Pero identificarlo es el primer paso para romper el ciclo. La validación no debería venir solo de quienes ponen condiciones imposibles. Hay otras formas de quererse y de ser querido, que no pasan por sufrir para merecer.
El amor, cuando duele, puede parecer un rompecabezas emocional. Hay personas que se quedan atrapadas en relaciones que les hacen más daño que bien, sin entender por qué. La psicóloga Alicia González explica que no es falta de fuerza de voluntad, es una cuestión de cómo funciona nuestro cerebro.