La vitamina C es, probablemente, una de las suplementaciones más populares del botiquín moderno. Se asocia con defensas fuertes, resfriados cortos y antioxidantes que ayudan a la juventud celular. Muchos recurren a ella sin dudar, especialmente en formato de suplementos, con la idea de que al ser una vitamina natural, nunca puede hacer daño. Pero esta percepción tan extendida podría estar equivocada si no se tiene en cuenta cómo actúa en el organismo. Así lo explica Elena Monje García, farmacéutica.
Según Monje, el problema no está en la vitamina C en sí, sino en la forma y cantidad en que se consume. Esta vitamina, imprescindible para el sistema inmunológico y con efecto antioxidante, también participa en muchos procesos metabólicos, pero el cuerpo tiene una capacidad limitada para absorberla. Cuando se ingiere una dosis elevada —por ejemplo, los 1000 mg que contienen muchos comprimidos de venta libre—, no se aprovecha todo lo que entra.
“El cuerpo no puede absorberlo todo y lo que no utiliza lo elimina por la orina”, explica la farmacéutica. Y aquí es donde comienza el verdadero problema. Ese excedente que se elimina no es inocuo. Parte de él se convierte en oxalato, una sustancia que puede cristalizar y acumularse en los riñones. El resultado, en muchos casos, son los temidos cálculos renales o piedras en el riñón.
La situación puede empeorar si se suman otros factores de riesgo. Monje advierte que no beber suficiente agua o tener predisposición genética a formar piedras puede disparar las posibilidades de sufrir este tipo de problemas. En esos casos, tomar vitamina C en grandes cantidades sin supervisión puede ser más perjudicial que beneficioso.
La suplementación no es necesaria si no se tiene un problema de salud. (Pexels/ Supplements On Demand)
Sin embargo, la farmacéutica insiste en que incluso los micronutrientes esenciales tienen efectos secundarios si se toman sin control, sobre todo cuando se convierten en megadosis concentradas que poco tienen que ver con la ingesta moderada a través de los alimentos.
Es importante generar conciencia sobre el uso responsable de los suplementos, especialmente en una época en la que la automedicación con productos naturales o de herbolario se ha disparado. La clave está en la moderación, en hidratarse bien, y en no sustituir el asesoramiento profesional por recomendaciones virales.
La vitamina C es, probablemente, una de las suplementaciones más populares del botiquín moderno. Se asocia con defensas fuertes, resfriados cortos y antioxidantes que ayudan a la juventud celular. Muchos recurren a ella sin dudar, especialmente en formato de suplementos, con la idea de que al ser una vitamina natural, nunca puede hacer daño. Pero esta percepción tan extendida podría estar equivocada si no se tiene en cuenta cómo actúa en el organismo. Así lo explica Elena Monje García, farmacéutica.