Un estudio analiza la clave de los ‘superancianos’ para mantenerse jóvenes y con escaso deterioro cognitivo
Lo consiguen gracias a características estructurales cerebrales únicas y una vida social activa y satisfactoria
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Un grupo reducido de mayores en torno a los 80 años o más ha desafiado las expectativas del envejecimiento cognitivo. Denominados “superancianos”, estos individuos mantienen una agilidad mental comparable a la de personas 20 o 30 años más jóvenes. ¿Qué los hace tan excepcionales? Investigaciones desarrolladas por el programa SuperAging de la Universidad Northwestern revelan que los superancianos presentan una corteza cerebral significativamente más gruesa y voluminosa en comparación con sus pares de la misma edad. Sorprendentemente, su corteza no muestra un desgaste apreciable con respecto a personas de 50 a 65 años, lo que sugiere una notable capacidad de conservación cerebral.
Una región que destaca por su espesor es el córtex cingulado anterior, una zona relacionada con memoria episódica, atención espacial y control cognitivo. Aunque este grosor no se correlaciona directamente con el rendimiento en memoria, parece formar parte del perfil neuroanatómico distintivo de los superancianos. A nivel histológico, estos adultos mayores muestran una reducción de la patología típica de Alzheimer y una mayor densidad de neuronas von Economo, células asociadas con procesamiento social, intuición compleja y comunicación rápida entre regiones del cerebro.
Además, su capacidad para mantener la memoria y el funcionamiento cognitivo en edades avanzadas también se asocia con un mayor bienestar psicológico. En concreto, destacan por cultivar relaciones sociales positivas, lo cual potencia su reserva cognitiva y contribuye a su resistencia al deterioro mental.
El análisis de estos rasgos sugiere que el envejecimiento cognitivo exitoso no es casualidad, sino resultado de una combinación de factores biológicos únicos y estilos de vida que promueven la resiliencia cerebral. Muchos superancianos forman parte de investigaciones longitudinales que buscan entender cómo estos factores interactúan para preservar la agudeza mental.
Los investigadores subrayan que, aunque la genética puede desempeñar un papel importante en la formación de estas estructuras cerebrales resistentes, los hábitos de vida parecen ser igualmente determinantes. Actividades como el ejercicio regular, el mantenimiento de una dieta equilibrada rica en frutas, verduras y grasas saludables, así como la estimulación mental constante, podrían ayudar a proteger la función cerebral y favorecer un envejecimiento más saludable.
Otro aspecto clave que se está estudiando es la gestión del estrés. Los superancianos tienden a mostrar niveles más bajos de ansiedad y depresión, lo que podría influir en la neuroplasticidad y la salud cerebral a largo plazo. Este hallazgo abre la puerta a intervenciones que no solo aborden el aspecto físico del envejecimiento, sino también el bienestar emocional como herramienta para preservar la memoria y la capacidad cognitiva.
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