La maternidad y la paternidad no solo transforman la rutina diaria y las prioridades vitales, también reconfiguran la manera en que interpretamos nuestro propio pasado. Así lo explica el psicólogo infantil Alberto Soler, quien sostiene que convertirse en madre o padre modifica la forma en la que analizamos y recordamos nuestra infancia.
Según el especialista, al asumir la responsabilidad de criar a un hijo se abren dos caminos principales. Por un lado, están quienes toman conciencia de todo lo que sus progenitores hicieron por ellos y, desde esa nueva perspectiva, conectan con la gratitud y la empatía. Empiezan a comprender las dificultades de sus padres, sus manías o sus formas de actuar, y muchas veces se sorprenden repitiendo frases o comportamientos que en su momento les molestaban. Es entonces cuando aparecen expresiones tan comunes como: “Ahora entiendo a mi madre cuando decía…”, o el clásico “me estoy convirtiendo en mi padre”.
Pero no siempre sucede así. También hay personas que, al tener hijos, reviven con fuerza las carencias de una niñez difícil. En lugar de reconciliarse, sienten frustración, tristeza o incluso rabia al recordar lo que les faltó.
La paternidad es un aprendizaje constante. (Pexels / Pavel Danilyuk)
Por eso, Soler insiste en la importancia de reconciliarse con el propio niño interior antes de emprender la crianza. Hacer las paces con el pasado permite afrontar la nueva etapa con mayor serenidad y evitar que los recuerdos dolorosos se proyecten sobre la relación con los hijos. Al fin y al cabo, convertirse en madre o padre no solo implica cuidar y educar, también supone mirarse en el espejo de la propia infancia y aprender a sanar lo que todavía duele.
La maternidad y la paternidad no solo transforman la rutina diaria y las prioridades vitales, también reconfiguran la manera en que interpretamos nuestro propio pasado. Así lo explica el psicólogo infantil Alberto Soler, quien sostiene que convertirse en madre o padre modifica la forma en la que analizamos y recordamos nuestra infancia.