El sonido del despertador es, para muchos, el momento más difícil del día. No es raro encontrar personas que, en lugar de levantarse con la primera alarma, programan varias y van retrasando el despertar pulsando el famoso botón de “posponer”. Este hábito, aunque muy extendido, tiene un trasfondo psicológico que va más allá de la simple pereza.
Con estos pijamas despertaras así de feliz todos los días. (Istock)
Los psicólogos recomiendan analizar por qué surge esta costumbre. Si se trata de cansancio acumulado, la solución pasa por mejorar la higiene del sueño: acostarse a la misma hora, reducir la exposición a pantallas antes de dormir y crear un ambiente relajado en el dormitorio. En cambio, si el hábito se debe a la falta de motivación, es útil replantear la rutina matutina con actividades más agradables que ayuden a arrancar el día con otra actitud.
En definitiva, posponer la alarma no es solo una manía sin importancia. Puede ser una señal de que el cuerpo necesita más descanso o de que la mente está saturada. Detectar el origen es clave para mejorar la calidad de vida y empezar las mañanas con un despertar más natural y menos estresante.
El sonido del despertador es, para muchos, el momento más difícil del día. No es raro encontrar personas que, en lugar de levantarse con la primera alarma, programan varias y van retrasando el despertar pulsando el famoso botón de “posponer”. Este hábito, aunque muy extendido, tiene un trasfondo psicológico que va más allá de la simple pereza.