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Qué es el tsundoku o la bibliomanía: el hábito de acumular libros que luego no se leen
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A TODOS NOS HA PASADO

Qué es el tsundoku o la bibliomanía: el hábito de acumular libros que luego no se leen

A los amantes de la literatura les pasa con frecuencia: llenar su estantería de libros que no saben cuándo ni si van a poder leer o abarcar

Foto: Qué es el síndrome tsundoku. (Pexels)
Qué es el síndrome tsundoku. (Pexels)

A todos nos ha pasado alguna vez. Llegamos a casa con un libro bajo el brazo, dispuesto a devorarlo, pero al final acaba formando parte de una montaña en nuestra mesita de noche. No es inusual: podría tratarse de tsundoku, una palabra japonesa que define ese impulso irresistible por llenar estanterías de libros que, al final, nunca llegaron a ser leídos.

Este término surgió en la era Meiji (1868–1912) y combina dos conceptos: tsunde-oku (“apilar cosas para después”) y dokusho (“leer libros”). El resultado de ambas es una bonita excusa para cultivar una biblioteca personal con más obras por descubrir que por devorar. Es más, los expertos en libros aseguran que se suelen acumular más libros de los que podremos leer en varias vidas. Desde la psicología este patrón se observa como una conducta emocional, que puede llegar a ser incluso saludable, que parte del amor por los libros y el placer sensorial que nos provoca su olor, su tacto, su presencia. Además, acumular libros también puede ser un acto emocional. Comprar uno inmediatamente después de un mal día proporciona una descarga de dopamina y consuelo momentáneo. Por otro lado, está la influencia social: vivimos en la era del bookstagram y booktok, donde a veces más que leer, hay que lucir la lectura. Esa sensación de “miedo a perderse algo” (FOMO) puede empujarnos a sumar volúmenes que apenas hojearemos.

Aunque a menudo se usa como sinónimo, la bibliomanía va un paso más allá: es una acumulación compulsiva e incontrolada de libros, relacionada en ciertos casos con trastornos como el de acumulación o incluso el TOC. Esta conducta, aparentemente inofensiva, puede convertirse en un problema real si limita el espacio, la limpieza o la calidad de vida. En cambio, el tsundoku suele verse como un cariño hacia los libros, una forma de expresar curiosidad, humildad e incluso romanticismo literario. Para evitarlo, antes de comprar debemos preguntarnos si surge de una verdadera motivación lectora o simplemente de impulso emocional o del entorno; llevar un registro (en libreta o en plataformas como Goodreads): saber cuántos hemos comprado y cuántos realmente leemos puede ayudarnos a equilibrar adquisición y disfrute; fijar rutinas pequeñas y realistas: dedicar 10 o 15 minutos diarios a la lectura en un espacio cómodo ayuda más de lo que parece y por último, compartir lecturas con amigos o familiares: un pequeño pacto colectivo puede motivarnos a abrir esos libros que siempre están a medio camino.

Acumular libros no es ni malo ni bueno por sí mismo: es una forma de expresión, una manera de decirle al mundo (y a nosotros mismos) que lo que aún no hemos leído también tiene valor. Aún así debemos pretender que cada volumen pendiente sea un espacio para crecer, no una deuda emocional.

A todos nos ha pasado alguna vez. Llegamos a casa con un libro bajo el brazo, dispuesto a devorarlo, pero al final acaba formando parte de una montaña en nuestra mesita de noche. No es inusual: podría tratarse de tsundoku, una palabra japonesa que define ese impulso irresistible por llenar estanterías de libros que, al final, nunca llegaron a ser leídos.

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