Todos hemos pasado por ese momento en el que los nervios parecen ganarnos la partida. Puede ser antes de una exposición en público, durante una entrevista de trabajo o incluso al tomar una decisión personal importante. El cuerpo responde acelerando el pulso, las manos sudan y la mente parece quedarse bloqueada justo cuando más necesitamos claridad. La ciencia del cerebro tiene una explicación para este fenómeno y ayuda a entender por qué el nerviosismo interfiere en la toma de decisiones.
La neurocientífica Nazareth Castellanos, en su espacio “Neurociencia de café” en el programa La Ventana de la Cadena SER, explica que cuando el nivel de nerviosismo aumenta, el corazón entra en un estado de latido muy rítmico, casi como si fuera un reloj. Este comportamiento, no aporta nada de estabilidad, sino que reduce la capacidad del cerebro para procesar la información de manera eficiente. La especialista recuerda que una investigación de la Universidad de París observó cómo este patrón cardíaco excesivamente sincronizado se relaciona con una menor flexibilidad mental.
El resultado es claro. En lugar de pensar de forma abierta y contemplar distintas alternativas, la mente se centra en la emoción o en la preocupación que genera el nerviosismo. Se pierde capacidad cognitiva y se reduce la habilidad de evaluar las opciones con perspectiva. En la práctica, lo que ocurre es que tomamos decisiones precipitadas, guiadas más por la urgencia emocional que por un análisis reflexivo.
Castellanos explica que este mecanismo pone de manifiesto la estrecha relación entre cuerpo y mente. El estado del corazón influye de manera directa en el funcionamiento del cerebro, lo que confirma que el bienestar físico y el emocional están profundamente conectados. Cuando el corazón late con variabilidad y no se comporta como un metrónomo rígido, el cerebro dispone de más recursos para mantener la calma y elegir con mayor acierto.
(RDNE Stock project/Pexels)
La neurocientífica insiste en que no se trata de evitar los nervios, ya que forman parte de la respuesta natural del organismo. Lo importante es aprender a regular esa activación para que no condicione nuestras elecciones. Estrategias como la respiración consciente, las pausas antes de actuar, el ejercicio físico moderado o la práctica de atención plena pueden ayudar a que el cuerpo recupere un ritmo más flexible y el cerebro pueda actuar con mayor claridad.
Las mejores decisiones se toman cuando estamos tranquilos, en momentos en los que el cuerpo no está sometido a una tensión desmedida. La calma otorga a la mente más amplitud, capacidad de análisis y creatividad para resolver problemas.
Todos hemos pasado por ese momento en el que los nervios parecen ganarnos la partida. Puede ser antes de una exposición en público, durante una entrevista de trabajo o incluso al tomar una decisión personal importante. El cuerpo responde acelerando el pulso, las manos sudan y la mente parece quedarse bloqueada justo cuando más necesitamos claridad. La ciencia del cerebro tiene una explicación para este fenómeno y ayuda a entender por qué el nerviosismo interfiere en la toma de decisiones.