La psicóloga ha puesto sobre la mesa, a través de una reciente reflexión compartida en sus redes sociales, una dinámica que atraviesan muchas parejas cuando llega la crianza. Según explica, gran parte de las mujeres no solo asumen el rol de cuidar, sino también la responsabilidad de supervisar cómo el otro lo hace, validando o corrigiendo cada gesto. Ese hábito, aunque a veces pase desapercibido, termina por modificar el equilibrio en la relación.
“Lo que en teoría debería ser horizontal, compartir poder y responsabilidad, se transforma en algo vertical”, señala la especialista. La mujer queda entonces atrapada en una sensación de sobrecarga, mientras que el hombre percibe que sus esfuerzos no alcanzan. “Ella siente que nadie reconoce todo lo que sostiene y él vive con la idea de que haga lo que haga, nunca será suficiente”.
El resultado suele ser un doble malestar: frustración en ambos lados, resentimiento acumulado y distancia emocional. Frente a ello, González propone un cambio de mirada que pasa por tres claves: empatía, comunicación, aunque sea torpe o imperfecta, y compromiso real con la corresponsabilidad. Para la psicóloga, la confianza es esencial en este proceso.
Permitir al otro que se equivoque no solo es inevitable, sino también necesario para aprender. “Si un padre olvida los pañales o llega tarde a una clase, probablemente la incomodidad le ayude a no repetirlo. La experiencia también educa”, apunta. Su mensaje es claro: la maternidad no convierte automáticamente a la mujer en experta y el amor, más que la perfección, es lo que la impulsa a moverse por el bienestar de su hijo. El padre, recuerda, puede y debe situarse en el mismo nivel, pero ese paso depende de su propia implicación.
De este modo, con un tono cercano, González invita a sus seguidores a reflexionar si han vivido estas situaciones en carne propia. Su planteamiento, en concreto, resuena en muchas familias que buscan un modelo de crianza más justo, donde los cuidados no recaigan sobre una sola persona, sino que se conviertan en un verdadero trabajo compartido.
La psicóloga ha puesto sobre la mesa, a través de una reciente reflexión compartida en sus redes sociales, una dinámica que atraviesan muchas parejas cuando llega la crianza. Según explica, gran parte de las mujeres no solo asumen el rol de cuidar, sino también la responsabilidad de supervisar cómo el otro lo hace, validando o corrigiendo cada gesto. Ese hábito, aunque a veces pase desapercibido, termina por modificar el equilibrio en la relación.