La paciencia puede ser un recurso más poderoso de lo que solemos pensar, asegura el psicólogo clínico Walter Riso. En una de sus últimas intervenciones explicó que muchos problemas se complican porque intentamos resolverlos de manera inmediata, cuando en realidad bastaría con darles un poco de tiempo. “Se podría haber evitado si yo hubiese esperado cinco o diez minutos más”, señaló, resaltando cómo la impaciencia conduce a que terminemos “metiéndonos a controlar lo que no se puede controlar”.
El especialista plantea que este comportamiento tiene un origen claro, una “baja tolerancia a la incontrolabilidad”. Se trata de esa incomodidad que sentimos al no poder dominar cada aspecto de lo que ocurre a nuestro alrededor. La reacción más común es intentar forzar soluciones, pero en la práctica, lo único que logramos es aumentar la tensión y generar más frustración. Riso lo ejemplifica con situaciones cotidianas en las que, al intervenir sin necesidad, acabamos “interfiriendo” en procesos que podrían resolverse solos.
Frente a esta tendencia, propone darle espacio al tiempo y ejercitar la paciencia como estrategia de bienestar. Esperar no significa quedarse de brazos cruzados, aclara, sino confiar en que hay circunstancias que evolucionan por sí mismas. Dejar que las cosas respiren puede evitar discusiones innecesarias, decisiones apresuradas o incluso errores difíciles de revertir. En palabras del psicólogo, la paciencia actúa como un mecanismo de autocontrol que ayuda a convivir mejor con la incertidumbre.
Su reflexión conecta con un rasgo característico de la vida actual: la prisa. Vivimos en una época en la que la inmediatez se ha vuelto norma, desde la forma en la que consumimos información hasta la expectativa de obtener resultados rápidos en cualquier ámbito. Para Riso, esta mentalidad alimenta la impaciencia y nos hace más vulnerables a la frustración. La baja tolerancia a la falta de control, dice, no solo genera malestar personal, sino también conflictos en las relaciones y dificultades para gestionar cambios inesperados.
Tener paciencia es una virtud (Andrea Piacquadio/Pexels)
El psicólogo sugiere que aprender a cultivar la paciencia no es un lujo, sino una necesidad para la salud mental. Practicarla implica reconocer que no siempre es posible manejar cada detalle y que, a veces, el mejor movimiento es esperar. Esa espera consciente reduce la ansiedad, da margen para pensar con claridad y abre la puerta a soluciones más efectivas.
Además, favorece un tipo de resiliencia que permite aceptar lo que no depende de nosotros y adaptarnos con mayor calma a lo que sí podemos modificar. La paciencia, insiste, no equivale a resignación ni pasividad, sino a elegir de manera consciente cuándo actuar y cuándo dejar que el tiempo haga lo suyo.
La paciencia puede ser un recurso más poderoso de lo que solemos pensar, asegura el psicólogo clínico Walter Riso. En una de sus últimas intervenciones explicó que muchos problemas se complican porque intentamos resolverlos de manera inmediata, cuando en realidad bastaría con darles un poco de tiempo. “Se podría haber evitado si yo hubiese esperado cinco o diez minutos más”, señaló, resaltando cómo la impaciencia conduce a que terminemos “metiéndonos a controlar lo que no se puede controlar”.