Erica Komisar, psicóloga: "Construir niños emocionalmente sanos es como plantar semillas en un jardín de relaciones"
Los primeros años de vida son decisivos para sembrar las bases de la empatía y la capacidad de compartir, claves para construir relaciones sanas a lo largo de la vida
Erica Komisar en una imagen de archivo. (Youtube | Diary of a CEO)
La infancia es una etapa decisiva para el desarrollo emocional. Los primeros años no solo marcan el crecimiento físico de un niño, sino también su capacidad futura para relacionarse con los demás, compartir y construir vínculos sólidos. Los expertos en psicología insisten en que, en esos momentos, se plantan las bases de la empatía y la generosidad que acompañarán a la persona durante toda su vida.
En esta línea se sitúa la psicóloga Erica Komisar, que en una reciente intervención recordó cómo la falta de cuidado y afecto temprano puede desembocar en adultos con mayores dificultades para entregar amor y apoyo a quienes les rodean. Una persona que no ha sido amada ni nutrida en esos años iniciales tendrá más dificultades para ofrecerlo después, ya sea a una pareja, a un hijo o a sus amistades. En cambio, cuando se ha recibido atención y cariño desde pequeño, se desarrolla una mayor capacidad para dar y cuidar en la vida adulta.
Para ilustrar esta idea, Komisar recurre a una comparación sencilla: la satisfacción que experimentamos al dar un regalo suele ser mayor que la de recibirlo. Ese gesto de generosidad refleja una madurez emocional que se cultiva desde los primeros vínculos. Aprender a compartir y a preocuparse por los demás es, en su opinión, uno de los legados más valiosos que pueden transmitirse en la crianza.
En sus publicaciones en redes sociales, la psicóloga resume esta visión con una metáfora clara: educar niños emocionalmente sanos es como plantar semillas en un jardín de relaciones. No se trata solo de cuidar sus corazones, sino también de fomentar vínculos que crezcan en el marco de una comunidad de apoyo.
Disfrutar más de dar un regalo que de recibirlo puede ser una señal de madurez. (Freepik)
Su mensaje busca recordar a padres y cuidadores que cada gesto cotidiano de amor y atención tiene un impacto profundo. Esas pequeñas acciones pueden convertirse en la base de relaciones sanas, capaces de transformar tanto al individuo como a la sociedad en su conjunto.
La infancia es una etapa decisiva para el desarrollo emocional. Los primeros años no solo marcan el crecimiento físico de un niño, sino también su capacidad futura para relacionarse con los demás, compartir y construir vínculos sólidos. Los expertos en psicología insisten en que, en esos momentos, se plantan las bases de la empatía y la generosidad que acompañarán a la persona durante toda su vida.