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Arthur C. Brooks, experto de Harvard: “Esto es lo que ocurre con los padres que son adictos al trabajo”
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Arthur C. Brooks, experto de Harvard: “Esto es lo que ocurre con los padres que son adictos al trabajo”

La clave es recordar que las mayores fuentes de bienestar no provienen de logros materiales, sino de recompensas intrínsecas como el afecto, la conexión y la felicidad

Foto: Arthur Brooks (Twitter @arthurbrooks)
Arthur Brooks (Twitter @arthurbrooks)

La frontera entre la vida personal y la profesional nunca ha sido tan difusa como en la era digital. La hiperconectividad, que nos permite estar disponibles en cualquier momento, también ha impulsado un fenómeno cada vez más común: la adicción al trabajo. Y, según Arthur C. Brooks, profesor en la Universidad de Harvard y columnista de The Atlantic, este hábito puede dejar una huella profunda en los hijos de quienes lo padecen.

Brooks, psicólogo social especializado en felicidad y bienestar, advierte que el “workaholism” no responde únicamente a la necesidad económica. Muchas personas atrapadas en esta dinámica ya tienen ingresos suficientes, pero continúan trabajando compulsivamente. El motor, dice, suele ser una idea equivocada: creer que el amor y la aprobación de los demás se obtienen únicamente a través del esfuerzo constante y el éxito visible.

placeholder Arthur Brooks (Twitter @arthurbrooks)
Arthur Brooks (Twitter @arthurbrooks)

Esa forma de pensar se transmite de una generación a otra. “Los padres adictos al trabajo tienden a criar hijos adictos al trabajo”, señala el académico. Al crecer en hogares donde la dedicación ininterrumpida al empleo se confunde con responsabilidad y éxito, es fácil que los niños interioricen ese patrón como deseable. La lógica es similar a la que ocurre con familias marcadas por el alcoholismo: los comportamientos repetidos en casa se vuelven un modelo de referencia.

En muchos casos, los hijos aprenden que los momentos de mayor afecto llegan cuando logran triunfos académicos o deportivos. Esa relación temprana entre logro y reconocimiento puede germinar en la adultez como una búsqueda inagotable de amor a través del rendimiento profesional. Para Brooks, romper con este ciclo no se logra con decisiones repentinas, como apagar el ordenador un día o tomarse un descanso ocasional.

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“Es tan complejo como dejar una adicción a una sustancia”, explica. Propone tres pasos: mirar hacia la infancia y reconocer el origen del problema, dar a los demás el tipo de amor que uno quiere recibir y planificar un cambio realista a largo plazo, que puede incluir desde vacaciones programadas hasta límites estrictos al uso del móvil.

De este modo, la clave, sostiene el experto, es recordar que las mayores fuentes de bienestar no provienen de logros materiales, sino de recompensas intrínsecas como el afecto, la conexión y la felicidad compartida.

La frontera entre la vida personal y la profesional nunca ha sido tan difusa como en la era digital. La hiperconectividad, que nos permite estar disponibles en cualquier momento, también ha impulsado un fenómeno cada vez más común: la adicción al trabajo. Y, según Arthur C. Brooks, profesor en la Universidad de Harvard y columnista de The Atlantic, este hábito puede dejar una huella profunda en los hijos de quienes lo padecen.

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