La microbióloga Primrose Freestone, de la Universidad de Leicester, afirma que nuestra ropa de cama se convierte, noche tras noche, en un auténtico «bufé» para bacterias, hongos, ácaros del polvo y células muertas de la piel, incluso cuando nos vamos a dormir limpios. Dormir entre sábanas que acumulan grasa, humedad y microorganismos puede favorecer alergias, mal olor, irritaciones y hasta infecciones pulmonares en personas vulnerables.
Para Freestone, lo ideal es lavar las sábanas y las fundas de almohada al menos una vez por semana, y hacerlo a temperaturas de 60 °C o más para eliminar eficazmente los microorganismos y los ácaros. En épocas de enfermedad, sudoración intensa o si duermes con mascotas, la frecuencia puede aumentar: sugiere lavados cada tres o cuatro días.
Cómo lavar un edredón de plumas en la lavadora para que no se estropee.(istock)
¿Qué hay del edredón y las mantas? Según esta experta, las mantas y fundas nórdicas deberían lavarse cada dos semanas, especialmente si están en contacto directo con el cuerpo o se usan mascotas sobre ellas. En cuanto al edredón, Freestone recomienda lavarlo cada tres o cuatro meses, salvo que su etiqueta indique otra frecuencia, o que haya condiciones particulares como mascotas, niños o mayor sudoración, que aconsejen hacerlo más seguido.
Las almohadas también requieren atención: su relleno interior puede acumular humedad, bacterias y moho con el tiempo. Por ello, la microbióloga sugiere lavarlas cada cuatro a seis meses, siempre que las indicaciones de la etiqueta lo permitan, y asegurándose de un secado completo para evitar surgimiento de hongos.
Se aconseja lavar las fundas de las almohadas cada dos días. (Pexels/Castorly Stock)
Además de estas recomendaciones de frecuencia, Freestone insiste en la importancia del lavado correcto: usar detergente adecuado y no sobrecargar la lavadora, así como secado con secadora o planchado si es posible, ya que el calor ayuda a eliminar microorganismos remanentes. Y además del lavado, sugiere ventilar bien el dormitorio diariamente y aspirar o airear el colchón con regularidad para reducir la humedad acumulada.
Según estas recomendaciones basadas en microbiología, mantener una higiene rigurosa de sábanas, mantas, edredones y almohadas no es solo una cuestión estética o de frescura, sino una práctica indispensable para promover un descanso saludable y minimizar la exposición a alérgenos y microorganismos potencialmente perjudiciales.
La microbióloga Primrose Freestone, de la Universidad de Leicester, afirma que nuestra ropa de cama se convierte, noche tras noche, en un auténtico «bufé» para bacterias, hongos, ácaros del polvo y células muertas de la piel, incluso cuando nos vamos a dormir limpios. Dormir entre sábanas que acumulan grasa, humedad y microorganismos puede favorecer alergias, mal olor, irritaciones y hasta infecciones pulmonares en personas vulnerables.