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Ni inseguridad, ni arrogancia: estos son los hábitos que comparten las personas seguras de sí mismas, según los expertos
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Ni inseguridad, ni arrogancia: estos son los hábitos que comparten las personas seguras de sí mismas, según los expertos

En la práctica, la confianza madura no tiene tanto que ver con mostrar fortaleza impenetrable como con llevar a cabo acciones coherentes

Foto: Hay personas que tienen una gran seguridad. (Pexels)
Hay personas que tienen una gran seguridad. (Pexels)

La confianza auténtica rara vez aparece de la nada. De hecho, quienes proyectan tranquilidad y seguridad tienen en común una serie de hábitos diarios que nutren su autoestima, señalan expertos en psicología y bienestar. Estos hábitos no implican pretender saberlo todo o esconder las propias dudas, sino adoptar pequeños gestos internos y externos que generan una base firme.

Uno de los hábitos clave es la acción consciente antes de esperar sentirse “listo”. Según un artículo reciente, las personas con alta confianza no posponen lo que desean hacer hasta que se sientan perfectas: actúan, acumulan pruebas de su capacidad y dejan que la sensación siga a los hechos. Al tomar esa iniciativa, están construyendo un historial propio de fiabilidad más que depender de auto-afirmaciones vacías.

placeholder Personas seguras en sus relaciones y fuera de ellas. (Pexels)
Personas seguras en sus relaciones y fuera de ellas. (Pexels)

También es habitual que gestionen sus pensamientos de forma realista y benigna consigo mismos. Adoptar un diálogo interno compasivo, reconocer que no siempre se sentirá seguro, y convertir los errores en aprendizajes son estrategias respaldadas por la psicología. En vez de quedarse atascados en “no puedo” o “no soy suficiente”, reformulan: “Esto es lo que hice, esto aprendí, ¿cómo avanzo?”.

Además, fijar límites y prioridades aparece como una práctica recurrente entre quienes muestran seguridad auténtica. El hecho de elegir decir “no” cuando algo no aporta o distrae, y de dedicar tiempo a lo que realmente importa, refuerza el sentido de control interno. Al tener claro qué valoran y qué no, su energía deja de dispersarse y su voz se vuelve más firme.

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Un cuarto rasgo se refiere a la tolerancia al malestar. En vez de evitar toda incomodidad o urgirse siempre al confort, las personas seguras aceptan que sentirse incómodo es parte del camino hacia el crecimiento. Tomar riesgos moderados, hablar cuando importa o presentarse aunque haya nervios les resulta más habitual que esconderse a la espera del “momento perfecto”.

Finalmente, evitar la validación externa constante se destaca como otro pilar. Confiar menos en que otros digan “lo estás haciendo bien” y más en la propia valoración reduce la montaña rusa emocional ligada a la aprobación ajena. Estos hábitos no prometen que uno se sienta seguro el 100 % del tiempo, pero sí construyen un sistema interno que amortigua las caídas al sentirse menos preparado o más expuesto.

La confianza auténtica rara vez aparece de la nada. De hecho, quienes proyectan tranquilidad y seguridad tienen en común una serie de hábitos diarios que nutren su autoestima, señalan expertos en psicología y bienestar. Estos hábitos no implican pretender saberlo todo o esconder las propias dudas, sino adoptar pequeños gestos internos y externos que generan una base firme.

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