Hacer una maleta en invierno puede convertirse en un auténtico desafío logístico. Los abrigos voluminosos, los jerséis de lana o las botas hacen que, a menudo, el espacio parezca insuficiente incluso antes de empezar. Sin embargo, el verdadero problema no suele ser la cantidad de ropa, sino la forma en que la guardamos. Según los expertos en organización y viajeros frecuentes, el error más común es doblar toda la ropa como si fuéramos a colocarla en un armario. En una maleta, esa estrategia es un desperdicio de espacio.
La clave está en extender las prendas y doblarlas lo menos posible, una técnica que no solo permite aprovechar mejor cada centímetro, sino que también reduce las arrugas. Este método —inspirado en los trucos de tripulantes de cabina y organizadores profesionales— consiste en colocar las prendas en capas superpuestas, extendidas dentro de la maleta, y plegarlas solo al final, cerrando los extremos hacia dentro. Así, la ropa se ajusta de forma más compacta y se adapta al volumen del equipaje, sin los huecos que dejan los pliegues tradicionales.
Olvídate de maletas que no cierran. (Pexels)
Los tejidos gruesos, como los de los jerséis, sudaderas o pantalones de pana, son los que más se benefician de este tipo de doblado. En lugar de ocupar grandes bloques de espacio, se distribuyen de manera uniforme. Además, al extender la ropa, se pueden colocar artículos más pequeños —como camisetas térmicas, guantes o bufandas— entre las capas, aprovechando cada hueco disponible.
Otro truco adicional que recomiendan los viajeros experimentados es guardar la ropa más voluminosa en bolsas de compresión o enrollar las prendas más finas como camisetas o ropa interior, para crear una base firme en el fondo de la maleta. Los abrigos, por su parte, pueden ir encima o incluso llevarse puestos durante el viaje, evitando así ocupar el espacio que más escasea.
Deja el calzado para la parte inferior de la maleta y aprovecha el espacio. (Pexels)
En definitiva, si este invierno quieres que tu maleta cierre sin esfuerzo, olvídate del doblado clásico. Extiende, ajusta y aprovecha cada rincón: es el pequeño truco que marcará la diferencia entre una maleta imposible y una perfectamente organizada.
Hacer una maleta en invierno puede convertirse en un auténtico desafío logístico. Los abrigos voluminosos, los jerséis de lana o las botas hacen que, a menudo, el espacio parezca insuficiente incluso antes de empezar. Sin embargo, el verdadero problema no suele ser la cantidad de ropa, sino la forma en que la guardamos. Según los expertos en organización y viajeros frecuentes, el error más común es doblar toda la ropa como si fuéramos a colocarla en un armario. En una maleta, esa estrategia es un desperdicio de espacio.