Marina Uria, psicóloga deportiva: "Cuando dejamos de hacer deporte no hemos perdido la motivación, lo que sucede es que ese motivo no es lo suficientemente estimulante”
Marina Uria, psicóloga deportiva: "Cuando dejamos de hacer deporte no hemos perdido la motivación, lo que sucede es que ese motivo no es lo suficientemente estimulante”
El secreto para mantener el deporte en nuestras vidas no está en esperar a tener ganas, sino en encontrar motivos suficientemente estimulantes
La psicóloga deportiva Marina Uria, en una imagen de archivo. (Cedida)
Comenzar a hacer deporte suele ir acompañado de entusiasmo, energía y grandes intenciones. Objetivos como “mejorar la salud”, “perder peso” o “sentirme mejor conmigo mismo” se repiten una y otra vez entre quienes inician una rutina de actividad física. Sin embargo, según la psicóloga deportiva Marina Uria, esa motivación inicial tiende a desvanecerse con el paso del tiempo si no se sostiene sobre bases sólidas. “Cuando dejamos de hacer una actividad, no hemos perdido la motivación, lo que sucede es que ese motivo, por lo que sea, no es lo suficientemente estimulante”, explica la especialista.
En una entrevista reciente, Uria advierte que uno de los errores más comunes es confundir la motivación con el deseo o las ganas. “Muchas veces escucho a personas decir que no están motivadas cuando en realidad quieren decir que no les apetece. Pero la palabra motivación viene de ‘motivo’, no de ‘ganas’. Estar motivado es tener un motivo claro por el cual actuar, incluso cuando no tenemos ganas de hacerlo”.
El descanso y no obsesionarse con el deporte también es muy importante. (Pexels/ Val Dela Vedova)
Desde esta perspectiva, depender exclusivamente de las ganas para mantener una rutina de ejercicio es una trampa que, tarde o temprano, lleva al abandono. Obstáculos como el cansancio, la falta de tiempo o la rutina diaria empiezan a pesar más cuando el motivo inicial se vuelve difuso o poco relevante. “La motivación real es la energía que nos impulsa a seguir, muchas veces a pesar de no tener ganas o de tener que hacer malabares con el tiempo y el espacio para lograrlo”, apunta Uria.
La psicóloga sugiere abordar el comienzo de una rutina deportiva desde un enfoque más reflexivo y planificado. “Mi primer consejo es preventivo: aprovecha la energía inicial para sentarte y elaborar un plan, no para machacarte en el gimnasio. Establece objetivos claros, concretos y a corto o medio plazo”. En lugar de formular metas generales como “hacer más ejercicio”, Uria recomienda optar por compromisos específicos y medibles, como “caminar 30 minutos tres veces por semana durante un mes”.
La importancia de realizar ejercicio físico de forma regular. (Pexels)
También insiste en la importancia de empezar poco a poco, incrementando la frecuencia y la intensidad del ejercicio gradualmente. Y añade un matiz fundamental: elegir actividades que resulten placenteras. “No tiene sentido proponerse nadar una vez por semana si no te gusta nadar. Por muy asequible que parezca, no será suficiente para mantener tu motivación”.
Otro punto clave que subraya Uria es la necesidad de evaluar de forma honesta las propias metas. “Dedica el primer día a reflexionar qué quieres conseguir, cómo lo vas a lograr y del 1 al 10 cuanto te gustaría llegar a ese objetivo. Si del 1 al 10 no te entusiasma al menos un 6 o no crees que puedas cumplirlo, replantea el objetivo”. Finalmente, la psicóloga recomienda incorporar la actividad deportiva en la rutina diaria, preferiblemente en los mismos días y a la misma hora. Asociar el deporte con hábitos ya establecidos, como salir a caminar justo después del trabajo o entrenar antes de cenar, favorece su consolidación como parte del estilo de vida.
Comenzar a hacer deporte suele ir acompañado de entusiasmo, energía y grandes intenciones. Objetivos como “mejorar la salud”, “perder peso” o “sentirme mejor conmigo mismo” se repiten una y otra vez entre quienes inician una rutina de actividad física. Sin embargo, según la psicóloga deportiva Marina Uria, esa motivación inicial tiende a desvanecerse con el paso del tiempo si no se sostiene sobre bases sólidas. “Cuando dejamos de hacer una actividad, no hemos perdido la motivación, lo que sucede es que ese motivo, por lo que sea, no es lo suficientemente estimulante”, explica la especialista.