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Por qué debería preocuparte si ya no te apetece contarle lo que sientes, según los expertos
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Por qué debería preocuparte si ya no te apetece contarle lo que sientes, según los expertos

Dejar de contar lo que sientes no siempre es un signo de fortaleza emocional. Los psicólogos advierten que cuando desaparecen las ganas de compartir tus emociones, puede tratarse de una señal de desconexión interior

Foto: Deberías preocuparte si no sientes nada o no te apetece explicarte (Pexels)
Deberías preocuparte si no sientes nada o no te apetece explicarte (Pexels)

Hay momentos en los que compartir cómo te sientes deja de parecer necesario. Ya no cuentas tus preocupaciones, no explicas tus emociones ni buscas consuelo. Puede parecer una simple etapa de introspección, pero los psicólogos advierten que cuando hablar de lo que sientes deja de apetecerte, podría ser una señal de alarma emocional que merece atención.

Hablar de lo que uno siente no siempre es fácil, pero cuando desaparecen las ganas de hacerlo, suele haber algo más detrás que la pereza o el cansancio. Los especialistas en salud mental señalan que cerrarse emocionalmente puede ser un mecanismo de defensa frente al miedo a la vulnerabilidad, al rechazo o a no ser comprendido. En otras ocasiones, puede esconder un problema más profundo como la apatía, la baja autoestima o incluso un trastorno emocional.

placeholder En otras ocasiones, puede esconder un problema más profundo como la apatía, la baja autoestima o incluso un trastorno emocional como la alexitimia (Pexels)
En otras ocasiones, puede esconder un problema más profundo como la apatía, la baja autoestima o incluso un trastorno emocional como la alexitimia (Pexels)

Según los psicólogos de Unobravo y Psicología y Mente, este tipo de desconexión emocional puede desarrollarse poco a poco, sin que la persona lo perciba. Al principio, se evita compartir detalles personales; después, incluso las emociones más intensas se silencian. Este patrón, explican, no solo afecta la salud mental, sino también la calidad de las relaciones personales, ya que la comunicación emocional es la base de la intimidad y la empatía.

Los expertos apuntan que reprimir lo que se siente genera estrés, ansiedad e incluso síntomas físicos. El cuerpo busca una vía de escape para lo que la mente no libera: tensión muscular, insomnio o falta de energía son manifestaciones frecuentes. Cuando esta desconexión se prolonga, puede aparecer la apatía, un estado en el que “nada importa” y donde incluso lo que antes generaba ilusión se vuelve indiferente.

placeholder A veces, detrás del silencio emocional hay una mente saturada que ha perdido la capacidad de conectar con lo que siente, explican los especialistas. En estos casos, no hablar no significa estar tranquilo, sino estar desconectado (Pexels)
A veces, detrás del silencio emocional hay una mente saturada que ha perdido la capacidad de conectar con lo que siente, explican los especialistas. En estos casos, no hablar no significa estar tranquilo, sino estar desconectado (Pexels)

La psicología describe la apatía como una falta de motivación, interés o emoción. Puede tener causas muy diversas: desde el agotamiento emocional o el estrés prolongado hasta deficiencias nutricionales o carencias de descanso. A veces, detrás del silencio emocional hay una mente saturada que ha perdido la capacidad de conectar con lo que siente, explican los especialistas. En estos casos, no hablar no significa estar tranquilo, sino estar desconectado.

Otra posible causa es la alexitimia, o lo que algunos psicólogos llaman “analfabetismo emocional”: la incapacidad de poner en palabras lo que uno siente. Quien la padece no carece de emociones, pero sí de las herramientas para reconocerlas o expresarlas. Esto puede generar frustración, aislamiento y un profundo malestar interno. Los estudios indican que las personas con alexitimia suelen tener más riesgo de padecer ansiedad, depresión o trastornos psicosomáticos, ya que sus emociones quedan “atascadas” en el cuerpo.

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Los expertos insisten en que la solución pasa por reconectar con uno mismo y aprender a comunicar desde la calma y la seguridad emocional. La terapia psicológica es una de las herramientas más eficaces para ello: ayuda a identificar las emociones reprimidas, trabajar la autoestima y recuperar la confianza en la propia voz. También recomiendan cuidar la base física del bienestar, ya que cuerpo y mente están estrechamente ligados.

Recuperar las ganas de hablar sobre lo que sientes no se trata de obligarte a hacerlo, sino de crear las condiciones para que tu mente vuelva a sentirse segura al hacerlo. Si últimamente callas más de lo habitual, te cuesta compartir tus emociones o sientes que “ya da igual”, quizá tu cuerpo te esté pidiendo un alto. Escucharlo es el primer paso para volver a conectar con lo que sientes y con los demás.

Hay momentos en los que compartir cómo te sientes deja de parecer necesario. Ya no cuentas tus preocupaciones, no explicas tus emociones ni buscas consuelo. Puede parecer una simple etapa de introspección, pero los psicólogos advierten que cuando hablar de lo que sientes deja de apetecerte, podría ser una señal de alarma emocional que merece atención.

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