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Ni comer sano ni dormir: cómo potenciar las ‘moléculas de la esperanza’ contra el envejecimiento
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Ni comer sano ni dormir: cómo potenciar las ‘moléculas de la esperanza’ contra el envejecimiento

Cada vez más científicos coinciden en que el ejercicio no es solo un hábito saludable, sino la intervención antiedad más eficaz y accesible que existe

Foto: El ejercicio isométrico es una herramienta poderosa para quienes no toleran la medicación (iStock).
El ejercicio isométrico es una herramienta poderosa para quienes no toleran la medicación (iStock).

Las investigaciones sobre envejecimiento saludable han señalado durante décadas la importancia de comer bien, dormir suficiente y gestionar el estrés. Sin embargo, la ciencia ha puesto ahora el foco en un protagonista menos mediático pero decisivo: las mioquinas, moléculas que libera el músculo cuando se activa y que están cambiando nuestra comprensión de cómo envejece el cuerpo. Muchos expertos las llaman ya “las moléculas de la esperanza” por su sorprendente capacidad para proteger órganos, reducir la inflamación y activar procesos internos de reparación celular.

Las mioquinas son proteínas secretadas por el músculo esquelético durante el movimiento. Hasta hace poco se pensaba que el músculo solo cumplía funciones mecánicas, pero hoy se reconoce como un auténtico órgano endocrino capaz de enviar señales químicas al cerebro, al tejido adiposo o al sistema inmune. Lo fascinante es que la mayoría de estas señales actúan de forma directa sobre los procesos asociados al envejecimiento, como el deterioro metabólico, la pérdida de masa muscular o la inflamación crónica.

placeholder Las mujeres deberían priorizar los ejercicios de fuerza. (iStock)
Las mujeres deberían priorizar los ejercicios de fuerza. (iStock)

Una de las más estudiadas es la irisina, relacionada con la conversión de grasa blanca en grasa beige, que quema energía en lugar de almacenarla. Gracias a ese mecanismo, mejora la sensibilidad a la insulina y ayuda a prevenir enfermedades metabólicas vinculadas al envejecimiento. Pero quizá su papel más interesante está en el cerebro: la irisina favorece la plasticidad neuronal, estimula la memoria y podría reducir el riesgo de deterioro cognitivo, según estudios recientes en humanos y animales.

Otras mioquinas clave son la IL-6 y la cathepsina B. La primera, liberada desde el músculo activo, funciona como un potente antiinflamatorio natural que contrarresta el inflammaging, la inflamación de bajo grado que acelera el envejecimiento. La segunda, asociada al ejercicio aeróbico, estimula la producción de BDNF, un factor esencial para generar nuevas neuronas y mantener un cerebro joven y funcional. Ambas muestran que el ejercicio no solo cambia el cuerpo, sino también la química cerebral.

placeholder La importancia que el ejercicio físico tiene para las mujeres. (iStock)
La importancia que el ejercicio físico tiene para las mujeres. (iStock)

A esta lista se suman moléculas como la miostatina, que disminuye con el entrenamiento de fuerza y frena la pérdida muscular propia de la edad, y el FGF21, que mejora el metabolismo energético. Todas ellas trabajan juntas para modular la longevidad biológica. La evidencia es tan sólida que muchos investigadores consideran que la salud muscular condiciona la salud general más de lo que tradicionalmente se pensaba.

Lo más interesante es que potenciar estas “moléculas de la esperanza” no depende de técnicas futuristas ni suplementos milagrosos. La única vía demostrada es la más sencilla y a menudo la más ignorada: mover el cuerpo con regularidad. Caminatas a ritmo ligero, ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana o incluso sesiones cortas pero constantes son suficientes para estimular una liberación significativa de mioquinas.

Las investigaciones sobre envejecimiento saludable han señalado durante décadas la importancia de comer bien, dormir suficiente y gestionar el estrés. Sin embargo, la ciencia ha puesto ahora el foco en un protagonista menos mediático pero decisivo: las mioquinas, moléculas que libera el músculo cuando se activa y que están cambiando nuestra comprensión de cómo envejece el cuerpo. Muchos expertos las llaman ya “las moléculas de la esperanza” por su sorprendente capacidad para proteger órganos, reducir la inflamación y activar procesos internos de reparación celular.

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